Voz escrita de San Francisco y el Nordeste,
Viernes 21, de noviembre del 2008

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De la caída a la rendición

• Pastor Marino Estrella

El ser humano ha sido creado con conciencia. La conciencia es un sentimiento del alma por medio de la cual el hombre aprecia sus acciones, y le otorga la facultad de discernir entre lo bueno y lo malo.

No fue el propósito de Dios crear al hombre para manejarlo como una máquina automatizada, sino más bien, crear un ser que obrara en plena facultad de su conciencia, haciendo uso de la razón. Por eso, cuando el señor le puso en el huerto de Edén, le proveyó todo lo necesario para  la subsistencia de su vida, pero también le advirtió sobre la consecuencia que vendría si tocaba lo prohibido de Dios.

Dice en (Génesis 2:15-17)
Tomó, pues, Jehová Dios al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para  que lo labrara y lo guardase.

Y mandó Jehová Dios al hombre diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, más del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Se puede observar a la luz de la palabra, que ni aún la advertencia de Dios detiene la ambición del hombre ante la oferta tentadora de Satanás por medio de la serpiente.

Como declara (Génesis 3:4)
Entonces la serpiente dijo a la mujer: Sabe Dios que el día que comáis del árbol, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal.

Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer y agradable a los ojos, y codiciable para alcanzar la sabiduría; y comió tanto ella como su marido.

El trágico pecado de desobediencia afectó a toda la humanidad, y el decreto de Dios no se hizo esperar. Como lo revela (Génesis 3:17)

Dijo Dios al hombre:
Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa.

La pareja cayó de la gracia de Dios, y el pecado fue transferido a toda la humanidad.

Por eso dice en (Romanos 3:23)
Por cuanto todos pecaron, están desti-tuidos de la gloria de Dios.
Sepa, pues, todo ser humano que, a partir de entonces, poseemos la estampa maldita del pecado desde que somos concebidos, por tal razón, necesitamos de un redentor y salvador.

Dice la Biblia en (Romanos 6:23):
Que la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.

O sea, que, el favor de Dios ha sido dispensado a la inexcusable humanidad a fin de que podamos escapar de la condenación.

(1Corintios 15:22) declara que:
Así como en Adán todos mueren, en Cristo todos son vivificados.

Estimado amigo lector, la Biblia dice en (Efesios 1:7) que en Cristo tenemos redención por su sangre y el perdón de pecados según las riquezas de su gracia.

Recíbale hoy como su señor y salvador, para que sea librado  de la condenación eterna, pues solo la gracia de Dios manifestada como favor gratuito e inmerecido sobre la vida del hombre, restablece los valores que el pecado les quitó, la cual solo se recibe al aceptar a Jesucristo, recibiendo así la completa liberación. Como dice en (San Juan 8:32; 36)

Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Así que, si Cristo os libertare seréis verdaderamente libres.

¡Dios les bendiga!
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