Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, Ed. 496
Jueves 18, de marzo del 2010

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Estrategia para elevar la calidad de la Educación

• Nazario Ramos

La necesidad de mejorar la educación es un tema de actualidad que se comenta en todo el país.

Debilidades: Existen serios problemas de lectura y escritura. Los alumnos del cuarto grado con menor nivel no entienden lo que leen.

A muchos de los que aprenden a leer no les guta hacerlo porque el aprendizaje ha sido poco atractivo. En general no se usa la lectura y la escritura para expresar (o aprender) temas de interés para el alumno. En promedio, los alumnos de la región escriben entre 2 y 6 páginas de “escritura libre” en el año escolar. Una de ellas se suele dedicar a redactar lo que pasó en las vacaciones. Esto a su vez refleja escao énfasis en desarrollar la capacidad de pensar, porque sólo se termina de pensar cuando se escribe (y quizá por eso cuesta escribir, porque no se está acostumbrado a pensar sistemáticamente).

El modelo frontal estaría asociado a la baja calidad de la educación
En la clase tradicional frontal, el maestro presenta las materias al grupo de alumnos, en forma simultánea, lo que obliga a adecuar la complejidad y velocidad de avance al nivel del alumno “promedio”. Ocupa casi todo el tiempo en dictar sus instrucciones e información, sea verbalmente o escribiendo en la pizarra, y en mantener silencio en la clase. En este modelo, el maestro es la fuente del conocimiento por lo que (a fines del siglo XX) suele quedar en posición desmedrada en comparación con la TV, la radio, los periódicos y las revistas.

Tres aspectos de la aplicación del método frontal, que se pueden observar en una aula en que se enseñe con ese método permiten ilustrar sus afectos sobre la calidad de la educación. El primero es la baja participación; de hecho la participación, en una clase muy activa se limita a unos pocos de los mejores alumnos. Más aún, es imposible lograr una alta participación, un excelente maestro que use un método frontal con un curso de 35 alumnos, y que obtenga una participación optima de ellos sólo lograría que cada alumno pudiera hablar un minuto en una hora pedagógica de 45 minutos. Es evidente que ese tiempo no permita una real participación de “todos y cada uno” de los alumnos. El segundo es la lucha por el silencio. Si la participación queda limitada aún en el caso de un excelente maestro, la curiosidad de los jóvenes los obliga a conversar y el ruido se convierte en el principal enemigo de un profesor que dedica cerca del 100% de su tiempo a transmitir información ora (o escrita).

Cuando un profesor debe elevar su voz, contínuamente, para superar el ruido ambiental, necesita que los alumnos estén en silencio. En este caso el concepto de disciplina se reduce a no interferir con la voz al profesor. Esta necesidad se agrava con la edad del profesor y la calidad decreciente de su voz. Por lo tanto, el maestro dedica una parte importante de su tiempo a mantener el silencio. Es decir, que si hacemos un estudio sobre la administración de las clases, encontraremos que aproximadamente solo el 40% del tiempo destinado a impedir clases es usado efectivamente para la enseñanza. La mitad del tiempo se pierde en ocio y la otra en cambio de actividades.

Oportunidad: La economía, el sistema de gobierno, la sociedad civil, la familia y el sistema educativo mismo, requieren que la escuela forme personas inteligentes, capaces de tolerar y examinar otras opiniones de crear alternativas y de comunicarse por escrito. En contraste con la escasa educación que requerían las “líneas de producción” o el trabajo físico del campesino que usaba la tecnología de medidas del siglo XX, los puestos de trabajo que ofrece el siglo XXI requieren que los empleados identifiquen problemas, diseñen sus planes de trabajo, evalúen los resultados que alcancen y que cooperen en encontrar nuevas y mejores formas de lograrlos.

Las mismas características necesitan un buen ciudadano para participar en un proceso efectivamente democrático, un vecino para cooperar al nivel local, un padre para contribuir a formar una familia estable y solidaria y un alumno para ascender a niveles más altos del sistema de formación.