Voz escrita de San Francisco y el Nordeste, Ed. 503

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Enumeran factores que harán del 2009 un año muy bueno

•Adriano Cruz Marte

Martes, 30.12.2008
La caída de los precios del petróleo que incidirá de forma considerable en la reducción del costo de la canasta familiar, la proyección de que alrededor del 75 porciento de las personas que han perdido sus empleos comenzarán pequeños proyectos por cuenta propia y las cuantiosas inversiones privadas que están en maquetas para ejecutarse en San Francisco de Macorís, son solamente algunos de los factores que permiten a EL JAYA afirmar que el año 2009, próximo a iniciarse, será uno de los mejores años que recuerden los francomacorisanos en particular y los dominicanos en términos generales.

En los próximos días se dará a la publicidad por lo menos dos ambicioso proyectos de construcciones que se ejecutarán en esta ciudad del Jaya. También dominicanos propietarios de empresas en Estados Unidos tienen preparados proyectos de inversión en agricultura de invernadero.

Respecto a la importancia de las proyecciones alrededor de las personas desocupadas por perder sus empleos, ilustramos con casos de estudios que presentamos a continuación:

En marzo de 2007, Luisa Ramona Hernández Ureña, estudiante universitaria de contabilidad, madre soltera condos hijos pequeños, perdió el empleo que tenía como encargada de una banca de apuestas de lotería. Desocupada y con múltiples necesidades, aceptó la propuesta de su prima residente en New York, Ana María Reynoso, de vender ropas y perfumes en forma ambulante que le enviaba desde la ciudad de los rascacielos. Un año después Hernández Ureña tiene su propio negocio de ventas a domicilio de ropas y perfumes con tres empleadas que se desplazan por sectores barriales y comunidades rurales. A ellas les paga sueldo mínimo y comisión por venta. Por lo menos una de esas trabajadora ya le comunicó que sólo estará vendiéndole mercancías hasta el seis de enero próximo porque ya tiene su propio proyecto.

Stanly Sánchez es licenciado en mercadeo inmobiliario, lo conocí organizando ceremonias de presentación de proyectos de viviendas. También prepara unos deliciosos ponches caseros de manera doméstica que, si cabe el término, podría decir en forma rudimentaria, aunque sus envases lucen impecablemente limpios. El lunes 22 de diciembre volví a verlo cuando vino a la redacción de EL JAYA a traer un pedido de ponche para Luz Esther y Clarisa.

-Qué dice el gurú del mercadeo inmobiliario, le dije.

-No, ya no estoy en eso, ahora estoy produciendo agricultura en el sector Aguayo para exportar, los bienes raíces se cayeron, están muy flojos y en lo que mejora el mercado de los inmuebles estoy enfocado en la agricultura que es un renglón que tiene tremendo futuro, me expresó.

Marcelino Ortega es chofer de uno de los camiones cara sucia que están en las inmediaciones del cementerio viejo que la gente contrata para retirar escombros de construcciones de la ciudad. Ahora tiene urgencia de aprender otro oficio o “algo más”, porque una hermana que vive en España le está haciendo los papeles para llevárselo, pero en lo que salen esos documentos ella le ha pedido que aprenda otras cosas.

Puedo enumerar otros 15 casos similares a los aquí relatados pero por razones de espacio y no abusar de la paciencia del lector, presentamos estas tres experiencias como muestra de lo que es un universo bastante grande.

Diferente es la situación de Ramón Luis Ulloa Santana, empleado público con nueve años como chofer. Dice que su sueldo no le alcanza para cubrir las nececidades ni siquiera una quincena y no puede pensar en renunciar a él porque no tiene a qué echarle manos para mantener a su mujer y dos niños que han procreados.

Guarocuya Martínez Valdez es empleado privado. Después que dos tigueres lo encañonaron y le quitaron el motor en el que iba a su trabajo, la situación se le torna difícil, el pago de pasajes con lo que gana le merma considerablemente sus ingresos, frente a las alzas de precios que continuamente se registran en los productos agrícolas e industriales que componen la canasta familiar.

Ulloa Santana y Martínez Valdez tienen en común el hecho que aunque viven separados, comparten las mismas condiciones de vida material de precariedades y desesperanza de poder mejor su calidad de vida.

Aunque le resuelte irónico, ambos oyen hablar constantemente al Presidente Leonel Fernández, a los funcionarios de su gobierno, a los dirigentes del partido gobernante y a muchos economistas que no paran de destacar los altos índices de crecimiento anual de la economía dominicana, sin que ellos -como empleados- puedan percibir el bienestar social que mínimamente tiene que generar la proclamada bonanza macroeconómica, por demás blindada ante la crisis económica mundial, ha dicho el mandatario.

A la luz de los relatos de casos de experiencias laborales más exitosas, las personas que más rápido se insertan en el quehacer productivo son quenes han quedado cesantes de un empleo. Es difícil, casi imposible, que una persona una empleada aunque gane poco, abandone el puesto para emprender alguna actividad económica por cuenta propia.

Por tanto, las perspectivas de mejoría económica del país se basan en que por lo menos el 75 porciento de los desempleados de zonas francas y de industrias o empresas quebradas decidan emprender proyectos personales.

Por la salud del progreso económico del país y por el bienestar social de la nación dominicana, conviene que se múltiple el número de emprendedores de proyectos y se reduzca o se mantenga igual la nómina de empleados del gobierno que anda en alrededor de 400 mil personas.

Está comprobado que el dinamismo y crecimiento de la economía de una región o de un país se sostiene con actividades múltiples y diversificadas.

La economía asalariada -del gobierno o empresa de cualquier naturaleza que ejerza monopolio- es lo mismo que decir economía zafrera y los lugares donde esta tiene lugar sólo ven circular dinero en temporada de zafra, o pagos del sueldo, salario, jornal o estipendio al personal a su servicio.

Igual le ocurre al país con la abundante mano de obra barata que provee la población haitiana. Mientras hayan tantas personas que venden su fuerza de trabajo a precio de chilata, se retrasarán por muchísimo más tiempo las inversiones en equipos y maquinarias para reemplazar la fuerza humana.

En resumen, y para que conste, a mayor número de desocupados con experiencia de un primer empleo, es igualmente proporcial el número de potenciales empremdedores de proyectos productivos; el gobierno deberá estimular el emprendimiento individual o colectivo posponiendo la aplicación de medidas tributarias como incentivo al desarrollo de las unidades productivas que surjan al calor de una verdadera cruzada dirigida a fomentar la vocación empresarial de la juventud dominicana y a frenar el crecimiento de la nómina de empleados gubernamentales.