Voz escrita de San Francisco y el Nordeste • 1ra. Quincena noviembre • Edición 524 • Viernes 03, de septiembre del 2010

Escudriñando

La izquierda en su laberinto (III)

- Frank Núñez

Lunes 16.11.2009
En el segundo artículo de ésta serie de cinco, planteaba la necesidad imperiosa e impostergable de que la izquierda dominicana, tal como la conocemos hoy, tiene que desaparecer y expuse algunas de las razones por las cuales se tenía que producir dicha desaparición.

Pero también, y para ser, como me lo exigió un inapreciable amigo, hermano y camarada: propositivo, de inmediato paso a dar algunas pinceladas a lo que, a mi juicio, debe ser la Nueva Izquierda que necesitamos los dominicanos, la que nos conducirá a puerto seguro, la que cristalizará, para beneficio y felicidad del pueblo dominicano, los prístinos ideales de nuestros héroes y mártires.

Lo primero es que para ser de la Nueva Izquierda es condición indispensable tener una vida personal incuestionable. Predicar con el ejemplo. Denunciar la corrupción y a los corruptos. Ganar adeptos para la causa hablando con los amigos, vecinos, parientes y hasta con desconocidos. Estudiar un mínimo de dos horas diarias de economía, sociología, historia, literatura, política…

La Nueva Izquierda debe definir que pretende: mejorar la calidad de vida del pueblo o probar la validez de axiomas ideológicos preconcebidos. Debe explicarle a la sociedad como va a resolver los gravísimos problemas de educación, salud, seguridad ciudadana, energía eléctrica y medioambiente.

La Nueva Izquierda se pondrá a tono con los tiempos y entenderá que el primer paso es ganarse la credibilidad de la sociedad, que conduce a la confianza de que poner la nave de la patria bajo su conducción no se traducirá en un derrumbe de la economía por la aplicación de una política económica caprichosa. Que la inflación, la devaluación, los déficits fiscales, el incremento criminal de la deuda externa y las tasas de interés bancarias no se convertirán en más desgracias para la población.

La Nueva Izquierda garantizará que la inversión pública se hará en función de las necesidades de la población y no para la materialización de sueños faraónicos. Que el reinado de impunidad de ladrones y asesinos, que ha imperado en este país desde la llegada del ladronazo de Colón, tocó fin y que el tiempo de las vacas sagradas fue superado por la decisión soberana del pueblo.

En la Nueva Izquierda no se verá el espectáculo deprimente y bochornoso de un “líder popular” encabezando una turbamulta por toda la ciudad exigiendo que la AMET no aplique una ley vigente, que, además, salva vida. Si una ley es contraria al interés colectivo, la Nueva Izquierda, junto a la sociedad, se reunirá con los congresistas de la provincia para hacerle ver la necesidad de que sea derogada.

La Nueva Izquierda pondrá distancia sideral entre ella y el tigueraje signado por la ignorancia y la proclividad a la violencia irracional. La Nueva Izquierda se acercará a la juventud, a las mujeres y, sobre todo, hará un esfuerzo inaudito por granjearse el apoyo y participación entu-siasta de la clase media, que concentra el entusiasmo, el dinamismo, los conocimientos y la experiencia necesaria para coronar con éxito cualquier empresa.

La Nueva Izquierda, que debe surgir de las cenizas de la actual, debe apostar por la prudencia y la sensatez. Esa nueva izquierda no tirará piedras, tirará ideas; no quemará gomas, quemará el atraso; no promoverá el desorden, promoverá el debate; no practicará la demagogia, practicará la responsabilidad; se alejará del aventurerismo y se acercará al análisis ponderado de las consecuencias de sus actos.

A esa Nueva Izquierda me adhiero desde ahora con un entusiasmo juvenil.

El autor es Ingeniero agrónomo, realiza pasantía como estudiante de Comunicación Social del Curne.