Las obras de Yeya Abreu evitan que las calles se llenen de delincuentes

Rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita

Buenaventura Abréu carece de fortuna, pero tiene grandes riquezas.

Bien puede ella decir que “es poco lo que tengo, pero de lo que tengo necesito poco”.

Hoy con 82 años, es natural que dé signos de agotamiento, por lo menos cansancio, si valoramos la colosal obra social que ha realizado y que aún continúa con vigor y entusiasmo.

Sin dudas que este excepcional ser humano está dotado por el Supremo Creador del carisma de la compasión, la fuerza y la voluntad necesarias para edificar obras sociales  cimentadas en el amor y la convicción de que un hecho vale más que mil palabras.

Ha vivido al servicio de las personas más carenciadas e indigentes. No faltan quienes le consideran como la Madre Teresa de los pobres francomacorisanos.

Sobre la marcha Buenaventura Abreu hizo una pausa en el camino para cumplir una petición del Señor: que fundara una casa para los pobres. Y decidíó convertir su propia casa para iniciar la obra.

Tomó la opción de trabajar con criaturas humanas doblemente vulnerables: niños en edades muy tiernas hijos de las personas más pobres. Así nace en la década de los años 90 la Casa del Pobre Divino Niño Jesús, en la calle Mella casi esquina Bono, donde ha residido Buenaventura Abreu.

Desde el año 2001 la Casa del Pobre Divino Niño Jesús labora en la calle Mella arriba, es decir en la parte alta, a cargo del Ministerio Siervos de Cristo Vivo, de la Iglesia Católica, educando y ofreciendo atenciones médicas y orientación sicológica.

Pese a sus 82 años de edad, Buenaventura está al frente del Refugio para Niños Nuestra Señora de la Altagracia, que hace tres años instaló en su casa de la calle Mella casi Esq. Bonó. Allí alimenta y ofrece con amor todas las atenciones que necesitan 36 niños pobres que a diario recoge de barrios pobres en un minibus que consiguió con la ayuda de personas caritativas.

No conforme con la labor social que realiza, Ventura tiene el sueño de comenzar su tercera obra, para la cual necesita construir el edificio en un solar que con la colaboración de amigos adquiríó en la calle principal de la urbanización Caonabo.

Para tener una idea de la dimensión de la gigantesca obra social que realiza sin pausas esta ciudadana que unos llaman Vento, otros la nombran Yeya, los demás prefieren llamarla Dada como expresión de afectos y cercanía con ella.

Ahora que la delincuencia juvenil incontrolada arropa, agrede, atemoriza e impone su ley, podemos afirmar que el numero de delincuentes no es mayor porque con su obra de amor Buenaventura recuperó, rescató por adelantado a los jóvenes y adolescentes que formarían un contingente más grande de malhechores azotando a todos el conglomerado francomacorisano.

La dedicación y total entrega de Ventura a estas obras humanitarias y de rescate social, merecen que todas las organizaciones de la sociedad acudan a conocer y a apoyar la Casa del Pobre Divino Niño Jesús y el Refugio para Niños Nuestra Señora de la Altagracia.

Que ninguna empresa ni institución de San Francisco de Macorís se quede indiferente de conocer y a apoyar estas instituciones que fundó Dada, Yeya o Vento como le llama este pueblo acostumbrado a practicar la solidaridad con actitud religiosa.

EL JAYA se permite llamar al Grupo Rizek Agro-cacao, a Munné, a Cortés Hermanos, a Nestlé San Francisco, Agua María que dirige Enríque González, empresas Varli que preside Eufemio Vargas, Briquetas Nacionales bajo la dirección de Manolo Tavárez Mirabal, para que envíen personas que evalúen las ayudas que necesiten esos hogares carentes de todo, menos de la gracia de Dios.

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