Monseñor Fausto Ramón Mejía Vallejo
Mons. Mejía Vallejo, tenemos que arremangarnos para evitar que el fango arrope nuestra sociedad

Nunca como ahora la sociedad dominicana ha reclamado pasar del Nivel de Sensibilidad al Estado de Conciencia.

Las personas sensatas, conscientes y preocupadas por el actual estado de degradación moral en todas sus manifestaciones no deben ni pueden quedarse en la queja ni en el lamento de que el país como conglomerado está en ruta acelerada al despeñadero.

Las personas que sueñan y trabajan por edificar un mejor país, contemplan y se expresan como si fuera un coro pero en tono de impotencia: “este país se esta cayendo a pedazos”.

El grito de impotencia y lamento más alto lo recoge el periódico Listín Diario de voz y espíritu del Obispo de la Diócesis de San Francisco de Macorís, Rector y Gran Canciller de la Universidad Católica Nordestana (UCNE), Monseñor Fausto Ramón Mejía Vallejo cuando participó en un encuentro con la plana mayor del decano del diarismo.

En fecha miércoles 25 de octubre Listín Diario reseña que “el obispo de la Diócesis de San Francisco de Macorís, monseñor Fausto Ramón Mejía Vallejo, expresó ayer que la sociedad dominicana es un desastre y en tono enfático dijo: esto tiene que cambiar:”

“Si se roba” -afirma Mejía Vallejo- “en el mismo estado se ha llegado a una especie de normalidad de la corrupción y a tomar lo que no le corresponde. Si se roba tanto, aunque no se pueda probar muchas veces, entonces los que están abajo dicen pero si fulanito coge, ¿por qué yo no lo puedo hacer?. Parece que la justicia sólo se imparte a la gente más humilde y más sencilla, porque a los que se roban medio estado no les pasa nada”.

Esa situación que describe Mons. Mejía Vallejo que toca la corrupción estatal y a la impunidad con la que cubren los gerentes de los partidos políticos y su sirvienta llamada justicia, han creado un devastador estado de desaliento en un amplio segmento de la sociedad, tal como lo recoge y expresa el Movimiento Verde en su peregrinaje por el país.

En los últimos tiempos, digamos años, meses, semanas y días es decir, desde el 6 de noviembre del 2009, fecha del horrendo crimen contra Lohara Tavárez, luego a finales de mayo de este año 2017 la muerte violenta por la policía de María Reyna Paulino Rivas, madre de Brayan Félix Paulino, cómplice del John Percival Matos; a principio de agosto el vil asesinato de Vladimir Lantigua Baldera en medio de una huelga para reclamar obras prometidas, más tarde el despiadado crimen contra la jovencita Emely Peguero y el reciente escándalo Quirinito, confieren a San Francisco de Macorís una especie de certificado que lo declara como “Tierra de Nadie”, generando una imagen fantasmagórica con toda su carga de significados.

Sin embargo San Francisco de Macorís puede ser el terreno donde surja y se desarrolle la iniciativa que coadyuve a recuperar el señorío de la autoridad degradada y a canalizar las energías que nos ayuden a pasar del nivel de sensibilidad, del simple lamento al estado de conciencia que significa comenzar a arremangarnos los pantalones y la camisa para meternos al fango que aumenta su volumen antes de que sepulte la sociedad.

Para canalizar esas energías y recuperar la autoridad degradada tenemos que crear un movimiento con sentido de urgencia presidido por una figura moral con capacidad de convocatoria, que goce de respeto, que tenga claro los objetivos a alcanzar y sepa hacia dónde conducirlo.

Y usted, Mons. Mejía Vallejo, maestro por vocación, formación y ejercicio, pastor de almas y conductor social, es la figura que primero tiene que arremangarse y, quien esto escribe, Adriano Cruz Marte, será el segundo en hacerlo.

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