¿Qué hacer para atajar a tantos atracadores?

El crecimiento exponencial de asaltantes y atracadores en estos momentos está generando en la comunidad una especie de paranoia.

La frecuencia y el rápido recorrido de la información que pasa de boca, en boca de que acaban de asaltar a Luis, a Pedro, a José a Manuel… aquí, allí, allá o acullá, crea el temor en cada ciudadano de que será la próxima víctima. Por temor a ser asaltado a cualquier hora los ciudadanos reducen cada vez más su salida a las calles. Así, de forma espontanea, lenta pero masiva, se esta extendiendo una suerte de toque de queda.

Todos los días desde que el Sol comienza a ocultarse y la noche tiende su manto, las calles de la parte céntrica, los barrios periféricos y extensos tramos de las avenidas pierden el calor y la presencia de la gente configurando escenas de tierras arrasadas.

Dada la gravedad del actual panorama de progresión indetenible, EL JAYA convoca al liderazgo social a movilizarse, a superar la inacción y el lamento, a formar equipos multidisciplinarios que coordinen con las autoridades las jornadas necesarias para afrontar con seriedad el flagelo de la creciente y peligrosa delincuencia juvenil callejera.

Cuando afirmamos que desde las primeras horas de la noche las calles céntricas y las de sus sectores más cercanos lucen vacías y desiertas, es tan solo el efecto visible y doloroso del drama que viven familias de jóvenes y adolescentes de barrio adentro que se consumen en el vicio de las drogas. Estos en busca de dinero para comprarla, salen dispuestos hasta matar para despojar a la víctima de lo que puedan vender.

Una realidad desalentadora es que mientras a más temprana edad comienza un muchacho a delinquir en la calle, se hace más que difícil imposible rehabilitarlo para el trabajo honrado, ya que le resulta más rentable vender lo que obtiene en un día por robos o atracando en la calle que lo que recibirá como pago semanal.

Lo lamentable de esta situación que se extiende y profundiza es que el colectivo social, permanece congelado como si nada le importara, solo lamenta y reclama a la autoridad. Ante el real y devastador fantasma de los robos, asaltos y atracos que le genera al individuo la necesidad de dinero para comprar narcóticos, cabe reproducir la reflexión que escribió Bertolt Brecht que advierte acerca de la actitud indiferente.

Primero se llevaron a unos comunistas, pero a mí no me importó porque yo no lo era; enseguida se llevaron a unos obreros, pero a mi no me importó porque yo tampoco lo era; después detuvieron a los sindicalistas, pero a mi no me importó porque yo no soy sindicalista; luego apresaron a unos curas, pero como no soy religioso, tampoco me importó; ahora me llevan a mí, pero ya ves, es demasiado tarde.

EL JAYA estima urgente que quienes encabezan las diferentes organizaciones sociales de San Francisco de Macorís se reunan, analicen y tracen las coordenas para atacar ese ominoso panorama en acelerada expansión.

En este esfuerzo tienen que participar los dirigentes de las juntas de vecinos, organizaciones religiosas, clubes de servicio, gremios profesionales, sindicatos, asociaciones empresariales, organizaciones políticas y la ciudadanía en general.

La respuesta a la pregunta que encabeza este pensamiento editorial debe salir del análisis y debate ante la desafiante realidad aquí enunciada.

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