Hay artistas que por su trayectoria alcanzan la “inmortalidad” y es que por amor y respeto a sí mismos, se cuidan. Aunque el tiempo deja sus huellas en el templo de sus espíritus, sus voces se mantienen fuertes y vibrantes: un ejemplo es Raphael de España.

¡Qué voz, qué dominio escénico, qué carisma, qué sonido, los músicos… qué espectáculo! Lo digo y me quedo corta.

El miércoles 25 de abril, los que trabajamos, desafiamos la distancia para salir de la rutina de acostarnos temprano, por disfrutar a Raphael, en el concierto que tituló “Loco por cantar”. Nos alocamos todos, vibrando al unísono con Raphael y en el Beacon Theater, ¡hermoso lugar! en Manhattan. No quedó un asiento vacío y el público estuvo compuesto en un 98.5% por “adolescentes de la segunda y la tercera edad.” Se colaron algunos hijos y nietos, pero muy pocos. Gladys López, mi compañera de trabajo fue copartícipe de este banquete musical.

¿Cómo luce? ¡Impecable!, no ha permitido que los años arruinen la esbeltez de su figura. Algunas “hojas blancas” han asomado indiscretas, “perlando su sien”, como dijo Gardel. Sus a aún, agiles movimientos rivalizaron con los altibajos de su potente voz.

Abrió su concierto con una canción alusiva al título del mismo” “Loco por cantar”. Nos deleitó con tres temas nuevos de su nuevo disco “Infinitos bailes”. Luego continuó con el derroche de canciones con las que se ganó el título de “Monstruo de la canción”.

En un momento de interacción con su público, mostró algo y preguntó ¿saben qué es esto? Se escucharon voces, el dijo: ¡ya lo dijeron!, ¡un radio! pues antes, cuando se escuchaba buena música, disfrutamos de Carlos Gardel. Enseguida se escuchó “20 años no es nada”. Raphael cantó a dúo con Gardel. Uno en vivo, el otro….ya saben. ¡Fue tremendo!

En uno de sus breves paseos por la tarima, rodeó su cuerpo con la bandera española. Su amor por la patria nos enterneció. Entre canción y canción honró a artistas de diferentes países, interpretando los temas que los llevaron a la fama. Entre ellos “Gavilán Pio Pio”, “Gracias a la vida”, “La quiero a morir”.

El entusiasmo no me permitió contar las canciones que cantó, lo que si puedo afirmar es que extendió el final del concierto, y nosotros no nos cansamos de escucharlo y nadie, absolutamente nadie salió antes que el concluyera su actuación. Esto lo dice todo…. ¿verdad?

¡Ay! Si los jóvenes artistas imitaran la conducta positiva de sus ídolos, el alcohol y la droga no arruinarían sus carreras.

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