La agricultura es la profesión propia del sabio, la más apropiada al ignorante y la ocupación más digna para todo hombre libre

Esta frase del político, filósofo y escritor romano Marco Tulio Cicerón, nos permite valorar, motivar y promover una actividad tan antigua como imprescindible para el ser humano como es la agricultura.

Tenemos que promover el conocimiento de la agricultura para que cada persona desde niño la asuma y valore como una actividad noble, fundamental para su existencia mientras viva.

La enseñanza y prácticas agrícolas tiene que ser tarea compartida que comience en el hogar y se extiende a la escuela y viceversa.

Mi maestro de tercer curso de básica, Andrés Fermín, me dijo “Adriano todas las personas debemos saber de agricultura. Fíjate que al menos una vez en la vida necesitaremos de un médico, de un abogado, o de un ingeniero, pero tres veces al día por el resto de nuestras vidas necesitamos de un agricultor, de alguien que produzca alimentos y, si somos nosotros para nosotros mismos, mejor”.

Fuera de clases el profesor Fermín y yo conversábamos de diversos temas. Él no era agrónomo, pero cultivaba en el amplio patio de su casa berenjena, remolacha, repollo, tomates, lechuga, rábano, yuca, batata y dividía su propiedad que colindaba con otras con una hilera de matas de guandule. Yo preguntaba mucho y de todo, por suerte a él le gusta hablar y me toleraba.

-Pues yo quiero que mis hijos crezcan pensando que un agricultor es un súperheroe. Para mi la agricultura es un estilo de vida, la tengo como una ocupación, no como negocio, por eso yo le obsequio de todo lo que cosecho a los vecinos y a personas que me visitan de otras comunidades en lugar de venderle, me dijo el maestro Fermín en uno de los muchos diálogos que sosteníamos.

El maestro Fermín es padre de Grecia María y Carlos Miguel, quienes le ayudaban en la atención y cuidados del huerto casero.

-Profesor quién es un agricultor, un productor y quién es recolector, le pregunté en tono un tanto inocente.

-Bueno mi hijo, un agricultor siempre quiere saber de las plantas, averigua las fechas adecuadas para las siembras, busca aprender a preparar insecticidas naturales para eliminar plagas sin envenenar el suelo. Tú sabrás que cuando se le echa fungicida a la tierra para matar bichos y plagas acabamos envenenándonos.

“En estos campos” -afirmó el maestro Fermín- “no hay forma de distinguir a un recolector de un agricultor, es lo mismo porque solo recogen lo que les da la naturaleza, no hacen nada para aumentar la producción. El productor agrícola es un empresario que logra cosechas a gran escala, porque sabe buscar asistencia técnica del agrónomo, le hace preguntas y acostumbra a leer la literatura de los productos que se aplican a la agricultura”.

Un detalle a destacar fue la actitud previsora del maestro Andrés Fermín quien le pagó al agrónomo del área para que enseñara a sus hijos Grecia María y Carlos Miguel agricultura casera que se cultiva en latas, en tarros y otros envases encima de techos y espacios pequeños, para que si le tocaba vivir en la ciudad también supieran producir alimentos con sus propias manos.

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