Los políticos deben frenar la multiplicación de la pobreza

La política es el arte de obtener el dinero de los ricos y el voto de los pobres con el pretexto de proteger a los unos de los otros.

Es natural entonces que de los sectores fabricantes de miseria, los oficiantes de la política constituyan el grupo más activo, diverso y disperso.

Los políticos están dondequiera, aplican las más variadas técnicas y prácticas de caer simpático o ampliar sus trincheras. Política y moral, entonces, son incompatibles.

Es Woody Allen afamado actor, director y escritor estadounidense quien afirma que “la vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema”.

La política es una actividad humana dinámica, en permanente mutación.

Conocimos la política que se practicó con verdadera vocación de servicio, apoyada en la ideología del bien común, luchar a todo riesgo por el bienestar colectivo; la política como empresa cuyo ejercicio toma más en cuenta la inversión económica que los méritos ciudadanos; y de manera simultánea gana espacio la política como espectáculo.

Como espectáculos, hay que mencionar los que ha creado y presenta el Estado Dominicano a través de los gobiernos que lo han administrado en los últimos 50 años, repartir en diciembre cajas de comestibles a personas pobres.

Tan deplorables los actos de repartir esas cajas con alimentos enlatados y otros productos, como el que escenificó el señor Amable Aristy Castro, de la región Este del país, quien en una campaña política anterior lanzaba salchichón a sus seguidores que participaban en una actividad que organizó su agrupación.

Aspiramos a que los políticos, que son los ciudadanos que se turnan en la administración y manejo del Estado Dominicano, superen la visión y eliminen la práctica de esos repartos miserables y denigrantes.

No deben los políticos, porque no les luce, continuar propiciando esas dantescas escenas de hambre cuyos actores principales permanecen ocultos en los camerinos mientras los secundarios se exponen a las cámaras y a las redes que desnudan y difunden rostros famélicos y anatomías enclenques envueltas en ropas sucias y raídas.

Se impone con urgencia la necesidad de sustituir esos métodos tan visibles y lacerantes de entregar dádivas a las gentes, por formas que no denigren tanto la dignidad de las personas pobres e indigentes.

Los políticos no deben ser fabricantes de miseria, tienen que evolucionar y poner freno a las formas de multiplicación de la pobreza elevando el sentido de dignidad del hombre, ser superior de la naturaleza.

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