¡Que todo obre para bien!

Es sencillamente singular el momento presente que vive el país ¡Que todo obre para bien!

Un arcoiris de temas trascendentes, unos nuevos y otros que se arrastran, están en la agenda diaria de discusión y preocupaciones de los dominicanos sensatos que alimentan la esperanza de superarlos para avanzar.

El quehacer político lo dominan la lucha feroz de Leonel Fernández por volver a gobernar y la mudez de Danilo Medina que encubre todas sus maniobras para continuar gobernando.

La constitución del país, el documento que estatuye los derechos políticos, fija requisitos y plazos para gobernar es para Leonel el escudo que le protege para aspirar a volver y enmendarla es como un puente roto que le impide a Danilo continuar en el poder.

Corrupción e impunidad aunque es tema permanente e importante en la agenda nacional, no parece afectar las aspiraciones de Leonel para volver ni los deseos de Danilo de continuar porque ambos están blindados contra sometimientos judiciales.

Leonel y Danilo cesan en sus hostilidades luego de la llamada del secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, al presidente Medina para que se preserven las instituciones democráticas, el respeto al estado de derecho y la constitución, particularmente en el período previo a las elecciones del 2020 en la República Dominicana”.

Con esta llamada de Pompeo ahora se abre la discusión de si es injerencia de Estados Unidos en los asuntos que solo competen a los dominicanos.

Mientras, se descuidan los esfuerzos para frenar la campaña contra el país por la muerte en circunstancias naturales de 10 extranjeros en centros turísticos. Esa contra propaganda daña la imagen de República Dominicana como destino turístico y, por consiguiente, se reduce la cantidad de dólares que recibe el gobierno para hacer frente a las necesidades y compromisos de la abultada deuda externa.

Odebrecht y la planta Punta Catalina tienen fuerza de permanencia como temas de debates y preocupaciones por sus implicaciones económicas, corrupción-impunidad y ética política, es decir, delincuencia desde el Estado Dominicano a la vez incentiva la delincuencia común.

Pues nada incentiva tanto la corrupción y la delincuencia común como la impunidad. La impunidad es tapadera y premio a todo lo que perjudica y ofende a la sociedad.

No puede llegar el país a niveles de corrupción y delincuencia común como para decir “sálvese quien pueda”. La conflictividad partidista actual y la agitación social que genera, reclama que los líderes sociales y políticos ejerciten el sentido de fraternidad y vocación de paz como buenos cristianos y ¡que todo obre para bien !.

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