Una mirada a San Francisco de Macorís en sus 241 años

Como EL JAYA congela para la historia todo su contenido y queda disponible para las presentes y futuras generaciones, en esta edición vamos a dar una mirada a aspectos y temas de la vida local a propósito de los 241 años que acaba de cumplir San Francisco de Macorís.

En estos momentos San Francisco de Macorís cuenta con una buena red vial que lo conecta de manera fácil con las demás ciudades, municipios vecinos y con el resto del país, pero los caminos vecinales de sus comunidades que son como las venas por donde fluye su producción agrícola y pecuaria hacia los mercados, necesitan con urgencia la reparación unos y mantenimiento otros.

El tráfico en automóviles es grande y dinámico, pero el desplazamiento que constituyen el tránsito de vehículos y personas a pie o transeúntes, es caótico. Esa anarquía en calles, avenidas y caminos, sirve para medir la escasa educación vial de los usuarios en movimiento.

El transporte urbano es servido por variados medios. Está disponible el motoconcho, minibuses y carros que cubren rutas urbanas, inter-urbanas, regionales y los taxistas que laboran horario extendido las 24 horas. En fecha reciente llegó a la ciudad el sistema de transporte prepagado mejor conocido en el mundo como Uber.

Corresponde al lector otorgar la puntuación al sector transporte de San Francisco de Macorís a partir de la descripción, somera y obviamente mejorable, que presentamos más arriba. Sin dudas que la infraestructura vial y el sistema de transporte -visto como totalidad- es uno de los vectores con que se mide el grado de progreso material de un pueblo.

Para medir el desarrollo social y humano nos enfocamos en los servicios de salud, educación y ocupación laboral.

En este ámbito, todos los gobiernos que han administrado el Estado Dominicano en la etapa postrujillo, 58 años, han dejado que aumente el fenómeno que se conoce como Deuda Social Acumulada.

La deuda social acumulada, no sólo se refleja en la desigualdad y la marginalidad de amplios segmentos de la población frente a unos pocos sectores que lucen opulentos, sino en la inequidad social que se expresa en la falta de oportunidades similares o iguales para todos.

Aunque los medidores de desarrollo de las comunidades del país posicionan a San Francisco de Macorís en uno de los primeros lugares de los municipios de mayor grado de bienestar, la realidad social que se vive en barrios adentro, impugna a los más optimistas indicadores.

En educación, por ejemplo, hay más de 40 escuelas sin ningún tipo de instalaciones sanitarias, ni siquiera una letrina tienen esos planteles.

San Francisco de Macorís cuenta con dos universidades que gradúan cientos de profesionales de diferentes áreas al año y un politécnico, pero el mercado laboral no los absorbe, situación que crea los denominados cuellos de botella: muchos jóvenes con títulos en sus manos frente a escasos o muy pocos puestos de trabajo.

El drama que generan esos cuellos de botella, se observa en las ferias de empleos que de forma esporádica convocan algunas empresas, se forman largas filas de personas que buscan ocupación laboral. Resultado: de la convocatoria a la cual asistieron cientos de jóvenes, la empresa solo contrata 20 ó 30 aspirantes.

La realidad descrita conduce a entender que los problemas sociales que padece San Francisco de Macorís como son la creciente delincuencia, prostitución, tráfico y consumo de drogas ilícitas, tienen su base en la falta de oportunidades que debe planificar y proveer el Estado Dominicano.

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