Dr. Luis Baez del Rosario.Toda sociedad descansa en valores que son fundamentales para su propia existencia o razón de ser, y esos valores tienen su origen o principio en la familia, siendo uno de ellos y más importantes, la solidaridad; quien no es solidario, no merece considerarse humano para los demás, pues se trata de una especie indiferente, insensible e inconmovible ante los problemas, dolor o tragedia de sus semejantes.

La solidaridad es una de las más bellas, nobles y espontáneas cualidades humanas y expresa ante cualquier circunstancia difícil o adversa que pueda experimentar un amigo, familiar, extraño o desconocido, una actitud o gesto de amor cuando somos capaces de orientarle, consolarle dentro de su estado de tribulación e impotencia, apoyarle moral, espiritual, emocional, y hasta económicamente en casos de un apremio que pueda abrumarle y alterar su paz interior.

Cuantos son solidarios?, pienso que quizás muy pocos, ser solidario no es de palabra, un decir de ocasión e intención que se disipa en el vacío como un cumplido, la solidaridad tiene una resonancia plena en la conciencia y voluntad de los seres humanos que trasciende a lo humano y llena de satisfacción cuando hemos podido mediar y aportar soluciones a quienes se nos acercan para solicitar ayuda, o a aquellos que en su aflicción y confusión nos sentimos en el deber de asistirles y despejar del camino toda piedra u obstáculo que puedan bloquearles mentalmente, y admitir que los problemas en la vida de los seres humanos tienen posibles soluciones, desconocerlo sería una actitud negativa y pesimista.

La tragedia por la ocurrencia de fenómenos naturales, terremotos, huracanes, tormentas u otros, guerras, revoluciones, motines o cualquier evento y saldo en pérdidas humanas y materiales, une a los pueblos, abundan los casos de regiones o zonas vulnerables del mundo, donde otros países han acudido en labores de ayuda humanitaria y rescate de poblaciones afectadas por los estragos; Haití con el terremoto del 12 de Enero del año 2010, para poner un ejemplo más cercano por vecindad, la primera ayuda que fluyó masiva, generosa y solidaria, fue la dominicana.
Podríamos dar a la solidaridad una connotación de doble vía en quien la practica con amor, y acuñar aquella sabia y popular frase que hemos escuchado siempre, “Hoy por ti, mañana por mí”.

Soy solidario con mis amigos, familiares y aún con aquellas personas que no conozco, e identificado ante la pérdida de un ser querido con palabras confortantes en su estado de dolor, con la orientación persuasiva y conciliadora en conflictos de vecinos o parejas, en que para satisfacción personal he logrado mediante los canales del diálogo armonizar y preservar sus relaciones y equilibrio, esa es y debe ser parte de la solidaridad humana.

Una experiencia personal como ejemplo de solidaridad, la noche de un diciembre en uno de los entornos tradicionales de Santiago, al pié de la estatua del Patrón que lleva el nombre de esa histórica ciudad, mientras actuaba como Maestro de Ceremonia de una emblemática institución musical y empresa se suscitó una enojosa situación con el gerente del departamento que tenía a su cargo la parte administrativa, quien en público y sin disimular su estado de embriaguez faltó el respeto en términos ofensivos a los miembros de la orquesta, acto repudiado a unanimidad por tratarse de un desafuero cometido por un funcionario necio, prepotente e imprudente que en su delirio alcohólico pretendía demostrar sin ninguna razón y forma de actuar, su jerarquía y poder, lacerando la dignidad de los demás.

Los compañeros entendían que por mi condición de periodista y estudiante de derecho era el más indicado para redactar una comunicación dirigida al Presidente de la empresa denunciando la grosera actitud del funcionario ante un grupo de músicos profesionales y Maestro de Ceremonia, y que como dije, repercutió públicamente, exponiendo a la crítica la imagen y prestigio de la empresa, encomienda que asumí responsablemente, firmándola todos, incluida mi firma en apoyo, y que por delación de un solapado carpintero de la intriga a las instancias superiores me costó la cancelación, acto de solidaridad del que no me arrepiento.

Hablaba de doble vía en la solidaridad, y es la reciprocidad que manifiestan los demás en los momentos de felicidad, fama y éxito, pero también en aquellos difíciles y críticos que como humanos experimentamos, y en que necesitamos tener un aliado y confidente que nos dé su apoyo, aliente con su consejo oportuno y sabio, fortalezca el espíritu y permita ver las cosas desde otra óptica y dirección, con más optimismo y seguridad.

Para concluir de manera reflexiva, dos frases, una popular, “Haz bien y no mires a quien”, la otra, bíblica, “Lo que tu mano derecha hace que no lo sepa la izquierda”.

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