A una abejita llamada “Edelmira”

¡¡Cómo no recordar a Doña Edelmira, si con sus ricas tortas y sus sabrosos dulces, era lugar obligado para la muchachada de mi tiempo mozo. (Hace tanto tiempo).

Y no solo íbamos a degustar sus ricuras, sino que ahí nos encontrábamos con los muchachos de la escuela de varones El Salvador.

Los unos amigos muy queridos, otros pretendientes ¡Qué Chercha!

Con el simpatiquísimo Rafaelito Ferreras, Juan Rizek, Abrahamcito Vargas y con los inolvidables Carlos Manuel Brea, Nono Moreno, Manuel Antonio Tapia Cunillera, Fernandito Fermín con el hacedor de palabras Chino Ferreras y otros tantos con los que pasábamos ratos agradables, sin malicias ni picardía, pero no por eso llenos de sana alegría.

Tiempo después, me encuentro con mi abejita Edelmira ya abuelita a través de su nieta Carmen. Pero eso sí, en cama, pero pendiente a la calidad de sus dulces que elabora la mami Tatá.

Y la miel se riega y salpica a las nietas, quienes prosiguen con orgullo repartiendo dulzura. ¿Quién no ha disfrutado del rico pudín de pan, de la mala rabia, de sus famosas tortas, del dulce de lechosa, de piña, de su afamada leche cortada y sobre todo del néctar de los dioses “El dulce de Cajuil”.

Abuelita, qué buen panal formaste, que orgullosos nos sentimos los francomacorisanos contigo, nuestra siempre recordada. Abeja Reina.

Seguro que el Señor estará feliz de tener con Él tan incansable abejita.

Al cumplir la dulcería sus primeros 80 años.

+ Leídas