A Ana Teresa Rojas de Rosario: 7 años después

Para los que creen firmemente en cábalas y supersticiones, el número 7 significa algo ignoto, sospechoso, y que aumenta creencias basamentadas en hechos y situaciones indescriptibles y que dejan perplejos a muchos seres terráqueos.

“Las Siete Maravillas del Mundo”, “Los Siete Días de la Semana”, la mitad de los 14 días que son las 7 caídas de Jesucristo hacia el calvario entre otros “sietes”, son elementos que ponen a pensar seriamente a cualquier mortal.

Y para quien esto escribe, el número 7 significan los 7 años más tétricos desde la partida definitiva hacia el más allá de quine fuera mi inolvidable compañera y esposa: Ana Teresa Rojas de Rosario, fallecida precisamente el 22 de mayo del 2003, en esta acogedora y hospitalaria ciudad del Jaya.

Ni en mis rezos matinales, ni en mis lecturas de lo que he escrito desde esa fecha memorable, han podido saciar o aplacar mi sed inenarrable de recuerdos imperecederos y torturantes.

El número 7 significa la perfección…70 veces 7, había, como dijo el Señor, que perdonar ante mí. 737 se menciona en la Biblia el No.7 y en 7 oportunidades Dios hizo comentarios sobre su obra. 7 días después que Noé entró al Arca comenzó el diluvio y en 7 meses después Noé encontró la tierra.

Y durante los últimos 84 meses desde ese día luctuoso de desesperación y llanto que suman 7 años los cuales se han grabado indeleblemente en mi alma, mi corazón, mis amores y mis recuerdos.

Y ya, sin posposiciones, cuando estoy en los umbrales de mi ocaso biológico de mi vida preñada de recuerdos imborrables, me apresuro, en medio del final de este climaterio social y existencial, a rendirle culto a Dios por las bendiciones que me ha brindado después de mis intervenciones quirúrgicas que me colocaron al borde del abismo de mi vida en los umbrales de la muerte.

Pero todavía no llego a comprender, el porqué mi excompañera con su innata intuición y su percepción inigualables, pudo adivinar tan certeramente que yo, con una vida socialmente zigzagueante cuan “avecilla picaflor empedernida”, iba a rectificar mi vida para ser actor de primera fila hasta la solidificación de mi vida con 4 hijos predestinados que junto a los 2 míos y de ella, iban a formar una familia digna, honesta y honorable que iban a servir de ejemplo a toda la sociedad que les vio nacer y crecer.

Sobre este particular, sinceramente, que estoy confundido y asombrado, que desde una flor hermosa y llena de “glamour” naciera desde un pastizal, tanto amor, tanta lealtad y tanta entrega, como la que practicamos sin desmayos durante esos 39 largos años.

Es por eso que pienso que ella fue mi brújula, mi freno hacia el precipicio, mi salvadora y que junto solidificamos un hogar que era y es ejemplo de virtudes ciudadanas, de dolores y sufrimientos inmarchitables.

Y en mi opúsculo he comprendido, que con cerca de 20 artículos que he publicado por el quincenario “El Jaya”, gracias al entrañable amigo Don Adriano Cruz, he expresado la tremenda falta que me hace mi desaparecida dulcinea que, por casi 40 años, iluminó mis días de compañerismo sin igual.

Reivindicado sí, pero jamás arrepentido, he cabalgado sobre los pastizales negativos de una sociedad exigente, pero ella coronó sobre nuestras sienes la corona de laurel de la victoria a base de trabajo honesto y de conductas inmaculadas ante el asombro y el llanto y el dolor de quienes nos conocieron de veras.

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