La ilegalidad del aborto

De vivir en un mundo donde todo fuera ideal ninguna mujer debería embarazarse si no desea o sencillamente no está dentro de sus planes tener un hijo.

En nuestro mundo real, sin embargo, embarazos no deseados, no planeados, están a la luz del día y siempre han acaecido a lo largo de toda la historia y seguirán ocurriendo en el futuro previsible.

La ilegalidad del aborto a la que hemos llegado con el artículo 30, traerá un porcentaje de ocurrencia de abortos, provocados en condiciones de riesgo, por el solo hecho de estar penalizada su realización de manera legal. La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el aborto en condiciones de riesgo como “aquel procedimiento para terminar un embarazo no deseado, no planeado, practicado por personas que carecen de calificaciones necesarias, o que es practicado en un ambiente sin las mínimas condiciones de seguridad médica, o ambos a la vez”.

Los derechos sexuales y reproductivos se sustentan en que las personas sean capaces de decidir en forma libre sobre su sexualidad y reproducción sin sufrir de coerción, presiones, discriminación o violencia de ningún tipo. Aseguran a su vez toda posibilidad de que se tomen las decisiones de manera voluntaria e informada para así garantizar el pleno ejercicio de la sexualidad, significando esto que la persona pueda decidir con quién tener relaciones sexuales, cuándo y cómo tenerlas; y en cuanto a la reproducción, tener o no hijos (as).

Para pasar definitivamente a ser parte de la solución y no parte del problema, desde los valores humanos y apegados a los principios establecidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, podemos desarrollar infinitas acciones para promover la autonomía e independencia de la mujer, fomentar la necesidad de saber para poder exigir como sujeto de derecho. Así podremos lograr mujeres empoderadas de sus derechos sexuales y reproductivos que puedan tomar así la decisión de las que ellas estén informadas, de manera responsable y voluntaria con respecto a su salud.

Cabe decir que detrás del aborto, de su penalización o no, existen otras realidades humanas muy graves que se ponen en juego: la dignidad de la mujer, su vida, la injusticia social, el machismo, la ignorancia respecto a la sexualidad y los derechos reproductivos, el papel de las autoridades civiles y eclesiales, entre otras. Todo esto complica y desvía un posible debate, llevándolo a callejones sin salidas como hasta ahora ha ocurrido. Y que solo benefician a mujeres que, independientemente de que existan legislaciones restrictivas en contra del aborto, por su condición de acomodadas suelen recurrir a abortos seguros bajo el manto de la ilegalidad propiciada por la misma ley. (Ninguna mujer quiere recurrir a un aborto, aún sea rica). Lo que trae consigo que las mujeres que mueren por aborto inseguro siempre hayan sido, son y serán las mujeres con menores recursos económicos, lo que hace que este tema tenga un matiz de inequidad social.

En el mundo real, lo ideal sería que el aborto pase de una situación clandestina a un escenario con protección institucional, de una situación humillante a una situación de respeto de la mujer previniéndose así el abuso y la explotación propios de las situaciones ilícitas derivadas del aborto inseguro.

Miguel Andrés Muñoz

Miguel Andrés Muñoz es representante juvenil de la Junta Directiva de Profamilia y estudiante de medicina.

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