El Rostro de la miseria dibujado en el semblante de su cara

Julio Cesar BurgosDice un refrán que el pasajero se conoce por la maleta. Claro, que esta afirmación no deja de ser una apreciación morbosa, usada para humillar a los que menos tienen. Algo típico de nuestro país, usado para descalificar a una persona, que en apariencia denote humildad en su atuendo de ocasión. Constituyéndose en una barrera infranqueable para ese individuo o grupo de individuos. Cuando se trata de exigir reivindicaciones laborales, constitucionales o sociales entre otras prerrogativas adquiridas y/o otorgadas por la carta magna.

El titulo de este artículo expresa una verdad inocultable, en torno a lo que está sucediendo con la clase pobre a lo largo y ancho de esta tierra de Duarte, Sánchez, Mella, Luperon y otros héroes anónimos. Es notorio observar hombres y mujeres de menos de 50 años consumidos y desgastados por causas de una mal nutrición. Mensaje sin palabra que desnuda una triste realidad. El hambre nos está destruyendo. Que aunque algunos quieran ocultarla, el aspecto cadavérico de sus pobladores hace visible lo triste de esta realidad.

Solo tienen que formularse estas preguntas ¿Cuál es el costo de la canasta familiar básica?... ¿A cuánto  asciende el salario mínimo en nuestro país?... ¿Cuánto cuesta un pasaje?...? Cuanto hay que pagar por una pinta de leche enlatada para alimentar a un niño? Es decir, no tenemos que hacer muchos cálculos, para saber el porqué hoy día la miseria se aposenta con rasgos tan notorio en la silueta corporal de las clases más desposeídas del país.

Imagínense ustedes, cuan distante es la brecha que separa al ciudadano de apie de los demás sectores y los que administran el país. La correlación comparativa es que unos viven en el paraíso terrenal y otros rondando los vórtices de las llamas del infierno. No obstante, ambos sectores compartir el mismo hábitat. Pero lamentablemente el medio sociopolítico imperante es desalmado, absolutista y criminal, dotado de una herencia innata adaptada a la cultura del fraude o simplemente seres humanos que hacen las veces de sanguijuelas absolviendo sangre de animales desprevenidos. 

Este conjunto de cosas sucedían, previa a la recién aprobada reforma tributaria. Hagan un ejercicio matemático y podrán calcular la hipérbole inflacionaria que se nos vendrá encima. La cual terminara destruyendo las mínimas posibilidades de subsistencias, que tenían los sectores más empobrecidos, en todo el territorio nacional. Por tanto, el rostro de la miseria se dibujara de manera más visible, en el semblante de la cara, ya no solo en los más pobres, sino, de los que antes eran clase media a los cuales esta reforma tributaria sedimentara a lo más profundo del abismo.

Como es posible que un país con un tercio de su población de alrededor de tres (3) millones de personas viviendo por debajo de los limites de pobreza, hayan ciudadanos que por prestar sus servicios al país (servidor público) devenguen estipendios, equivalentes a 50, 80, 100 y mas salarios mínimos, estos señores son criminales sin matar. He ahí la indignación de la gente fastidiada por el desborde de las autoridades y su irracionalidad atinente al mal uso de los recursos públicos.

Sin dudas que el rostro de la miseria seguirá  dibujado en el semblante de la cara de los más pobres, mientras los gobiernos sigan usando los recursos del pueblo, de manera discrecional y distanciado del interés expresado por las poblaciones que exigen ser beneficiadas, con políticas que contribuyan al desarrollo horizontal de una sociedad atrapada y si salidas.

Todo ciudadano con algo de sentido común, que lee, escucha y conoces las barbaridades cometidas en el ejercicio del  poder por el ex presidente LF, tiene que admitir que este señor se convirtió en un farsante, que arruino la vida de todo un pueblo, a cambio del beneficio de unos cuantos de su entorno y otros allegados, que disfrutaron y disfrutan de ese sistema corrupto que solo un ambicioso como él es capaz de prohijar.

En el semblante de la cara de los pobres  esta dibujado el rostro de  la miseria física, más en el rostro de LF y sus colaboradores, se destaca el tatuaje vulgar de la miseria moral. Como marca indeleble de lo que fue un gobierno corrupto, dilapidador y absolutista,  que jamás podría ser tomado como ejemplo por sus predecesores, pues marcaría la disolución definitiva del país.

Hemos llegado al límite, no resistimos más. La clase alta reclama, pero ellos tienen la fórmula para hacer los ajustes pertinentes y seguir a flote. Mientras la clase media, los profesionales y los estamentos de más bajos ingresos de la sociedad, pagaran bien caro el costos de esta reforma tributaria. Que no deja de ser el último regalo de un presidente iluso, que vivía alucinando mientras su sequito hacia piñata con el dinero del pueblo. A tal punto que todos se enriquecieron, mientras el pueblo se hundía en el más profundo de los abismos.

El autor reside en la ciudad de chicago, USA. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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