Un país con el Síndrome de Estocolmo

EstocolmoEl llamado síndrome de Estocolmo se refiere a una reacción psicológica por la que una víctima de un secuestro acaba desarrollando una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo, con quién o quiénes la secuestraron. Según el FBI, un 27% de las personas involucradas en esta clase de delitos experimenta esta reacción, y se debe a que interpretan de manera equivocada - como una bondad hacia ellos- la ausencia de violencia por parte de sus secuestradores.

El nombre del fenómeno tiene origen en el fallido intento de atraco al Kreditbanken de Estocolmo en 1973, en el que dos delincuentes mantuvieron secuestrados a tres mujeres y un hombre durante seis días, los cuales al final declararon a favor de sus captores. Otro caso famoso, muy sonado en todo el mundo, fue el de Patricia Hearst, hija de una rica y poderosa familia estadounidense a quien el Ejército Simbiótico de Liberación la secuestró en su hogar, y meses después convencida de esta ideología, participó con ellos en el asalto al Banco Hibernia.

Bien ¿les suena a algo cercano de nuestro querido patio? Creemos que estamos en un país que por la mala gestión y los intereses particulares de las clases dirigentes políticas y privadas de todos los tiempos y partidos, nos han secuestrado innumerables facetas vitales de nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, la seguridad del ciudadano ¿quién se atreve a salir sólo caminando por la calle? y menos llevando un reloj, un collar, o hasta un simple celular en la mano, que le dura lo que un caramelo a la puerta de un colegio ¿Quién no vive amedrentado en su propia casa, literalmente enjaulado, con más rejas y barrotes que las celdas del mismo Najayo? ¿De quién es la culpa? ¿De las tradicionales carencias de las fuerzas del orden, del obsoleto sistema militar que aún ostenta la policía? Sin duda lo es en parte, pero más lo es de todos los Gobiernos por no haber combatido la pobreza con toda la voluntad que deberían, pues la carencia extrema es la raíz primaria del crimen y la delincuencia.

Otro secuestro. El de las riquezas naturales del país ¿cómo se puede haber llegado a una clase de contrato tan elemental, tan miope, tan lesivo, dónde no se prevea que cuando sube el oro la plata o cualquiera que sea la materia prima extraída, también debe subir los impuestos en la misma proporción? ¿Qué tipo de legislación se aplicó para que esta explotación de los bienes naturales se produzca de una manera permisiva en exceso? ¿Por qué los reclamos vienen de abajo, de los ciudadanos de a pie, o de los sectores mediáticos más sensibles y no se produce la menor reacción de sus dirigentes?

Más secuestros. El de la educación. ¿Quién niega que el porcentaje dedicado al educación, el pedido, llorado, solicitado, reclamado, suplicado e implorado, una y otra vez hasta la saciedad por toda la población dominicana, el ya icónico, amarillo y amarillento 4%, ha sido ignorado por todos los regímenes anteriores y sólo ahora ha sido aprobado? La educación como fuente del progreso, del bienestar y la estabilidad social, es la columna vertebral de cualquier país que quiera salir del subdesarrollo.

Hay docenas de secuestros más, los derechos de tantos jubilados y personas envejecientes, abandonados a sus pírricas pensiones o a su propia suerte, los derechos humanos en muchas de sus facetas, las oportunidades de trabajos dignos para los jóvenes…¿Por qué? ¿Quién ¿Hasta cuándo? Muchas preguntas de respuestas difíciles, que aplicando la más elemental lógica deberían ser fáciles. ¡Ah! lo de Estocolmo, ahí están unos cuantos grupos de secuestrados en una curiosa peregrinación de apoyo, besando la mano al santo y abogando por la impunidad y la vuelta de sus últimos secuestradores porque el síndrome ya ha hecho efecto sobre ellos.

Es increíble que después de todo lo que pasamos, aún se produzca aquí y a cada rato, el síndrome de Estocolmo ¡ Esto es…el colmo!

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