Lic. José Mercedes Jáquez Polanco
La “Revolución Educativa” como Infoxicación de la Sociedad

“El hombre es una caña, la más débil de la naturaleza; pero es una “caña pensante”.

No es menester que el universo entero se arme para aplastarla: un vapor, una gota de agua es suficiente para matarlo.

Pero aun cuando el universo lo aplaste, el hombre sería todavía más notable que el que mata, porque sabe que muere y conoce la ventaja que el universo tiene sobre él; el universo no sabe nada” (Blas Pascal, Pensamientos).

Pareciera que la capacidad de pensamiento y análisis del dominicano se pone a prueba cuando el Gigante Goliat que se expresa en Relaciones Públicas, promoción y tráfico exagerado de opinión, nos lanza la bofetada de una Revolución en la educación desde los Medios de Comunicación, mediante una estrategia de infoxicación, cuyo término en inglés es information overload (sobrecarga informacional).

La idea es idiotizar a los ciudadanos “informacionalmente inundados”, con datos frecuentemente apartados de lo real.

Con el ánimo reposado de la sensatez del pequeño David, pero con la firmeza a que nos obliga la formación académica modestamente alcanzada y la necesidad de desnudar fábulas publicitarias cargadas de falacias y deseos ambiciosos de entronizar un falso señor ávido de arrastrar secuelas de aquella Era que otorgaba poderes cuasi sobrenaturales a un humano tan bajo como yo y con las mismas condiciones de dignidad, aunque respetando la condición del puesto; hemos de despertar del letargo patológico al que nos han sometido, asumiendo el verdadero rol del docente que debe ser el autor de una auténtica revolución desde las aulas.

Lamentablemente, el Estado nos ha llevado la delantera, y han sabido manejar los medios, han sido expertos en el uso de las relaciones públicas y han sustituido puestos propios del docente por ineptos servidores en el campo académico y de enseñanza, pero con sobrada capacidad y experiencia para diseñar una insustancial Revolución, obviando las esencialidades del ejercicio del proceso de enseñanza aprendizaje.

Los indeclinables sentimientos de respeto y valoración al ser humano, y de servidores fieles a la educación y a cada uno de nuestros discentes luchan con los perfiles de ciudadanía responsable, lo que no debe hacernos transigir con la falta de respeto del Ministerio de Educación a la sociedad dominicana y a la comunidad educativa al promocionar una revolución irreal y engañosa, sucumbido por los encantos pérfidos de ese corifeo oligárquico al que ha servido realmente el sistema educativo dominicano los últimos años.

El trato execrable a la comunidad educativa, expresado en el afán por angustiar, el ambiente de presión, humillación, degradación e inestabilidad resume en sí misma la indignidad a que ha querido someterse al educador dominicano, logrando así el primer paso para la Idiotización social que persigue mantener el poder a como dé lugar.

Sin duda alguna, las nuevas tecnologías de la información y comunicación, en su expresión común y masiva, a través de los Smartphone, las redes sociales y los medios tradicionales han creado una sociedad alienada, poco pensante.

La razón, la infoxicación de material pagado con los recursos de todos, posicionar ideas, oficios o personas, a través de falacias intentando dominar la razón del ciudadano, generado para el entretenimiento y distracción de las masas.

En palabras de Fernando Navarro, de lo que se trata es de la Idiotización de la sociedad como estrategia de dominación.

Para conseguirlo, el poder se vale de la infoxicación: datos vacíos y alejados de la realidad, con cierta dosis de utopía, nos saturan de informaciones con el objetivo de abotagar nuestra sensibilidad social, incapacitándonos para poder alcanzar una conciencia crítica de la realidad, incluso fomentando en el ciudadano común desafecciones contra quien acompaña, guía y forma a sus hijos.

Idiotiza una sociedad que, fruto de la infoxicación, asume los falsos logros de una llamada revolución que supuestamente abandona el lápiz y el papel; conscientes además de que las pantallas no son el reemplazo de los valores, ni de la ideas, ni son gestoras de competencias.

Un terminal móvil nunca podrá sustituir el impacto de aprender a leer y escribir que sigue siendo nuestro talón de Aquiles en la educación.

Si no se lee bien, mucho menos se tiene un pensamiento crítico frente a las informaciones, eventos y fenómenos que cotidianamente ocupan la atención de los mortales humanos que poblamos la tierra.

Mientras tanto, un revuelo con la llamada republica digital, donde falta lo esencial para la efectividad del proceso: aún no llegan los libros de registros, los recursos descentralizados destinados a cada centro educativo, no solo que no llegan, nadie sabe en que se invierten gran parte de ellos, docentes bloqueados sin razón, tardanzas en los pagos, preferencias de contratos a los concursos, ranchetas llamadas escuelas, techos destruidos, escuelas sin baños, uniformes retardados, contenidos sin libros de texto, jornada escolar extendida sin contenido y sin talleres; una evaluación al desempeño que, a casi dos años, no concluye ni es confiable, digitalización sin electricidad; peor aún, importan más las evidencias y las imágenes que los mismos sujetos del proceso.

Ignoramos el valor de la persona humana como el más importante medio para obtener logros; como lo destaca la ensayista y pedagoga sueca Inger Enkvist al señalar que el éxito del Sistema Educativo en Finlandia, ha sido precisamente el respeto al profesor por parte del Estado, de los padres y de los alumnos, lo que lleva al colectivo a no prescindir del cumplimiento de sus deberes.

Es imposible lograr una auténtica revolución educativa sin los maestros y sin los sujetos del proceso.

En definitiva, de lo que se trata es de convencernos de la nada, de lo irreal; es una revolución que tiene mucho en la exhibidor y poco en el escaparate.

El sistema establecido es muy sutil, la infoxicación forja nuestras estructuras mentales, y para ello se vale del púlpito que todos amamos y tenemos a nuestro alcance veinte y cuatro horas al día: nuestro teléfono, la televisión, a través de las redes sociales y los negocios hechos con los generadores de opinión y los espacios prime time.

Ojalá, y aun sintiéndonos la más débil caña de la naturaleza, no olvidemos nunca nuestra esencia, somos “caña pensante”.

El autor es filósofo, docente y comunicador. (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. @josenoesis)

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