Ivelisse Maria Ureña
Marco Filosófico Y Antropológico A Propósito del Comportamiento Del Hombre

Debe ser emocionante pagar el precio de no reconocer acciones erróneas, que conlleven a unas disculpas malogradas, y que aniquilen todo lo racional, ético y moral y, aun así defenderlo. Lo filosófico y antropológico tiene fundamento en la diferenciación misma del propio hombre como ser, que lo lleva a escudriñar con amplio sentido, buscando siempre una respuesta que lo dirija hacia el poder ser pleno y totalmente racional.

Desde la primera civilización del mundo el hombre evidenció unas diferencias con respecto a todos los seres vivos del planeta; la forma de vida adoptada por el hombre desde sus principios ha mostrado que el hombre y la forma o el funcionamiento adoptado por él, tiene relación con su espiritualidad y raciocinio, no así con el sentido funcional material y físico. La filosofía antropológica identifica la inteligencia del hombre y su desarrollo en su espacio, y es la individualidad del hombre que hace notoria las características indistintas del hombre como ser humano, el contexto en donde el individuo se forma marca su comportamiento y, es ahí donde se reconoce algunas formas de comportamiento que son adoptadas mediante o a través de la cultura, la cual forma parte del hombre como ser racional, algunos factores de índole biológico se van creando y dando paso a una conducta progresiva.

El hecho de que el hombre tenga la necesidad de servir en principio, a un bien común que les dé beneficios a un sector o a una comunidad, es uno de los indicios más preponderante de la necesidad que tiene el hombre de ser objeto de cambios y transformaciones. En los seres vivos ocurren fenómenos de conducta individual; en los animales que se dan de forma automática y por instinto, en la forma de vida humana estos fenómenos no se dan por la motivación o a raíz de algunas manifestaciones activa o del deseo de querer hacerlo, en razón de que existen otros factores sobre todo de carácter emocional o racional que responde a las emociones del hombre, que es donde radica la diferencia específica del hombre con respecto a otros seres vivos (animal).

El hombre es concebido como una actividad dinámica y progresiva que quiere proyectar y que envuelve lo físico y lo material, buscando siempre la libertad espiritual. La Filosofía Antropológica, pretende alcanzar el conocimiento del hombre acerca del él mismo como ser humano y el hombre comprueba que la existencia de sus pensamientos filosóficos implica un aliento, porque basan esos pensamientos en el descubrimiento auténtico del conocimiento que le obliga el mundo a obtener por los medios que impongan su desarrollo como hombre. Una de las capacidades que tiene el hombre es que puede captar su propia forma de vida o existencia lo que le permite conocerse como hombre individual con características que lo hacen único.

Ahora bien, la magnitud o importancia de que el hombre esté enterado de forma integral sobre esas características no se refleja o materializa mirándose al espejo y descubrir un traje costoso, el color de su piel, cabello, ojos y formas, títulos, y desarrollo profesionalizante, o posición política; esa observación ha de hacerse de manera interiorizada, de forma tan completa que no quede una sola duda de quién es él (hombre). No cabe ni una sola interpelación con respecto a la forma que el hombre utiliza o ha utilizado desde siglos para desarrollarse como individuo, su capacidad de querer hacer, convierte en irrisoria su capacidad de querer ser, la filosofía antropológica ha de ir aunada de forma imperativa, a la objetividad y pensamiento libre, que pueda ser tan amplio que no se deje imponer nada que no esté alicatado a la moral, al raciocinio, y al ser.

Es más imposible que cuesta arriba descubrir las múltiples formas del ser hombre que desarrolla el hombre para sobrevivir, entre hombres, sí escasa la parte moral, de forma ipso facto se quiebra el raciocinio del pensamiento filosófico del hombre y es cuando nacen las famosas interrogantes sobre, de dónde venimos? y hacia dónde vamos?. Me atrevería a alinear una tercera interrogante ¿hasta donde somos capaces de llegar para ser quienes queremos ser?

¡Pareciera que fuéramos implacable!

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