Doris Guerrero
Sucesiones, herederos/as y otros demonios

¿Cuántos de nosotros no conocen una o varias personas que haya sido heredero o que esté viviendo ese “complicado proceso? Para algunos, este hecho originado en la muerte de un padre, una madre o un pariente cercano, más que un evento triste y profundamente emocional, expresado en la pérdida de un ser querido, es el inicio de una lucha de intereses que pareciera sacada de una película de terror o del fondo de los infiernos. Es como ratificando lo que bien dice el dicho “el amor y el interés se fueron al campo un día y más pudo el interés que el amor que se tenían”.

De pronto, y a veces antes de sepultar el cadáver de la persona que ha fallecido, usted se encuentra con personas cercanas, hermanos de sangre que se profesaban gran afecto, tíos y sobrinos hasta entonces bien queridos, en una batalla campal, deseándose la muerte entre ellos. Es como se reeditara la expresión popular de “el muerto al hoyo y vivo al bollo”.

Parecería ser que la cultura, lo casi normal, y que frecuentemente ocurre en muchas familias dominicanas frente a un proceso de sucesión o partición de herencia, es que los parientes, olvidando la persona que ha partido y que fruto de su esfuerzo legó un patrimonio sucesoral a sus deudos, se acomodan a “ponerse los guantes” y no quitárselos. Revestidos de demonios implacables, feroces y muchas veces hasta despiadados, defiende a toda costa lo que para ellos es su derecho o su legado sobre los bienes muebles e inmuebles que el “viejo” o “la vieja” les dejaron, como folklóricamente llaman a los padres en nuestro país.

Pero resulta que todavía en pleno siglo XXI existen personas que entienden que pueden impedir la distribución de los bienes de la sucesión, o que por ser los hermanos/as mayores tienen más derechos sobre la herencia, o que por haber vivido o administrado siempre los bienes de los padres son los propietarios, y peor aún si encuentran profesionales del Derecho incapaces y/o inescrupulosos que les secundan mayúsculo error.

Cuando esto ocurre, está claro que no están tomando en cuenta el contenido del texto del Artículo 815 del Código Civil Dominicano, modificado por la Ley 935 del 25 de junio de 1935, y publicado en la Gaceta Oficial No. 4806, el cual explícitamente plantea que “A nadie puede obligarse a permanecer en el estado de indivisión de bienes, y siempre puede pedirse la partición, a pesar de los pactos y prohibiciones que hubiere en contrario”.

Es por estas graves ignorancias por las que algunas personas, actuando en un desmedido afán de beneficiarse más de lo debido en materia sucesoral, caen en la imprudencia de hacer malabares indescriptibles con el fin de ocultar bienes que forman parte de la masa hereditaria, y también por falta de conocimientos no prevén el precepto que claramente en materia de sucesiones, plantea el artículo 801 de nuestro Código Civil, el cual establece que “El heredero que se ha hecho culpable de ocultación de bienes, o que ha omitido conscientemente, o de mala fe, en el inventario, efectos que en el mismo debían figurar, perderá sus derechos al beneficio de inventario”.

Para un heredero o sucesor perder los beneficios del efecto del inventario puede llegar a ser fatal, ya que tal como reza el Articulo 802 de nuestro Código Civil “Los efectos del beneficio del inventario, son conceder al heredero las siguientes ventajas: 1ra. no estar obligado al pago de la deuda de la sucesión, sino hasta el límite del valor de los bienes recibidos, teniendo la facultad de prescindir del pago de aquellas, abandonando todos los bienes de la sucesión a los acreedores y legatarios; 2da. No confundir sus bienes personales con los de la sucesión, y conservar contra ésta el derecho de reclamar el pago de sus créditos”. Esto es perder el derecho a no cargar con herencias quebradas en las cuales los bienes sucesorales tienen menos valor que las deudas dejadas el “de cujus” (abreviado de la expresión latina “aquel de cuya sucesión se trata”)

Visto todo esto puedo decir con exactitud que para un sucesor o heredero es más conveniente y menos complicado asumir un rol amigable y honesto dentro del proceso de partición de los bienes, que revestirse de demonios, creando dificultades, con la intención de quedarse con la mayor tajada del pastel de la herencia.

Si usted es un heredero o sucesor busque una asesoría legal de calidad, es decir con capacidad y honestidad, que lo pueda orientar correctamente con relación a la repartición de los bienes sucedidos, a los que como acreedor tiene derecho, no solo de disfrutar, sino a reclamar la división de los mismos de acuerdo a lo estipulado en las normativas legales vigentes que rigen el proceso de partición de las sucesiones.

De igual modo considero que es apremiante que los legisladores tomen en cuenta la urgente necesidad de discutir y aprobar la actualización de nuestro Código Civil Dominicano, y de forma especial, con relación a las sucesiones, ya que la información contenida en muchos casos queda obsoleta frente a las leyes especiales que se han creado relativas al tema en cuestión, de forma que se puedan entender mejor y no estén sujetos a distorsiones y malas interpretaciones, dejando así espacios para la mala aplicación y la manipulación de los procesos vinculados a los derechos sucesorales.

Actuando de este modo contribuimos a aplacar los demonios dormidos que se despiertan cuando la ignorancia, la confusión y la mala fe se mancomunan en contra del buen hacer y las buenas relaciones entre los humanos y más aún entre las propias familias.

Lic. Doris Guerrero

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