Andy Castillo
La expresión artística como estrategia para reducir la violencia escolar

Muchos son los actos violentos registrados cada día en las escuelas de nuestro país. Estos hechos despiertan el interés y la preocupación de toda la sociedad, pues si en la escuela, considerada el segundo hogar, se evidencian tales comportamientos, ni pensar cómo será su conducta en otros contextos.

La escuela es el espacio donde el estudiante puede descubrir, desarrollar y/o activar sus conocimientos. Esta debe proporcionar al educando herramientas para canalizar sus emociones, practicar la tolerancia, la empatía, el trabajo en equipo, la comunicación efectiva, entre otras destrezas, que, muchas veces no obtienen en el entorno familiar. Por esto es fundamental tomar en consideración las situaciones con las que ingresan los estudiantes para diseñar programas de apoyo que los capacite para la vida, desde sus realidades.

Crecer en una sociedad donde la corrupción, impunidad, desigualdad, injusticia, violencia... son la orden del día, es una quimera evitar que el estudiantado refleje en su quehacer conductas fruto de tal desbarajuste. Desde que nace día solo se notifican hechos lamentables, pérdidas incuantificables, acciones deprimentes, inseguridad por doquier, incoherencias administrativas, abusos de poder… que es imposible que pasen desapercibidos.

Los hijos de estas realidades están en la escuela, niños que vienen de hogares disfuncionales o inexistentes; víctimas de todo tipo de violencia; carentes de afecto, atención, acompañamiento y motivación. Muchas veces agredidos, abandonados, maltratados, explotados y utilizados. Estos al no saber cómo enfrentar su realidad muchas veces optan por revelarse con todo su entorno. Pues el vivencias el desastre en que se ha convertido nuestra sociedad, les llena de impotencia y frustración, lo cual se hace visible en su comportamiento.

Pensemos entonces cómo desde la escuela podemos ir cambiando el panorama, para que al ingresar a esta se sientan acogidos, acompañados y así experimenten otras formas de convivir. Implementemos en nuestros centros educativos actividades que sensibilicen nuestros chicos para puedan expresar su sentir de manera menos agresiva.

Vamos a mostrarles nuevas formas de comunicar su sentir, enseñémosles como camuflar su ira a través de canciones, poemas, parodias, monólogos, juegos tradicionales, bailes, pintura, teatro, décimas, cuentos, caligramas, títeres, trabalenguas, adivinanzas y demás expresiones artísticas. Que se expresen así, es la vía más productiva para empezar a sensibilizar esta generación que en el futuro será quien nos dirija.

No podemos permitir que pierdan el gusto por lo estético, por lo nuestro, por la creatividad y la solidaridad. Motivemos la lectura, la investigación, la producción, el arte y sobre todo el sentido de humanidad, ya que, si lo pierden no habrá más remedio. Aún tenemos oportunidad de reiniciar el proceso educativo donde el estudiante sea copartícipe de todo el proceso de enseñanza aprendizaje, a través de actividades acordes a su edad, nivel, gusto, preferencia y de los recursos que nos proporciona el entorno.

En lugar de juzgar su proceder, vamos a ubicarnos en su contexto ofreciendo otros puntos de vista, otras perspectivas que enrumben su caminar hacia el bien común, la equidad y la justicia desde que empiezan la escuela, solo así empezaremos a construir una verdadera cultura de paz.

La autora es Licenciada en Educación Mención Filosofía y Letras y Facilitadora de la Formación Profesional. En la actualidad cursa estudios de cuarto nivel en Lingüística Aplicada a la Enseñanza del Español; además de Psicología Escolar en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, Recinto San Francisco. Se desempeña como docente de secundaria del Ministerio de Educación de la República Dominicana y facilitadora del Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (INFOTEP) en las áreas de Ortografía y Redacción de Informes Técnicos

 

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