Padre Oscar Peña
Oración y meditación para la misión

Con motivo del mes de la Biblia, hemos iniciado un proceso de orientación y formación a los misioneros de nuestra Iglesia Católica, para que participen de la Misión de Jesucristo, llevando el mensaje de salvación a cada familia.

Apoyados en el Lema “Dichoso quien medita la Palabra de Día y de Noche”. (Salmo 1,2).

“Meditar”, en el termino espiritual significa “orar”. Se trata por tanto de crear en nosotros un ambiente espiritual ardiente de fe, confianza y amor que nos una a Dios; en esta unión tendremos nuestra perfección.

“Meditar” es un ejercicio de la vida espiritual para encontrar al Padre, a través de la fe, en el amor. En la misión que vamos a realizar es muy importante la meditación, para recibir la gracia divina y a la vez trasmitirla, a las personas y a las familias.

La meditación es verdaderamente oración, por todo el esfuerzo de nuestra alma para penetrar en la verdad que alcanza a través de la oscuridad de la fe, para hacerla propia, para asimilarla, para empaparse internamente, para vaciarse del espíritu del mundo y llenarse del de Jesucristo.

Los apóstoles le pidieron a Jesús que les enseñara a orar. Lucas 11, 1: “Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos”. Es propio del misionero estar profundamente vinculado a Jesús, tal como lo hizo San Pablo que decía: “No soy yo quien vivo, es Cristo quien vive en mi”.

La oración es una cualidad propia del misionero, hecha con humildad, sencilles y con fe, ayuda a la vinculación con Dios, y a la transformación personal, familiar y social, impulsando una nueva sociedad de paz, justicia y de amor.

Invito a cada misionero a realizar su misión, con fe profunda, alegría, entusiasmo, humildad y entrega, para hacer presente a Jesucristo, en cada hogar visitado.

 

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