Roberto Santos Hernández

El creador de la Sociología Dominicana, Pedro Francisco Bonó vivió 43 años en San Francisco de Macorís. Rufino Martínez difiere de los demás biógrafos al sostener que nace en 1824. El mismo Bonó expresa que escribió la novela en 1848, cuando tenía veintitrés años.

Los personajes de la obra son: Juan-Peón; Manuel, quien está de visita en casa de Tomás; Tomás-criador de ganado, esposo de Teresa y padre de María; León Guzmán padre de Manuel; Feliciano, Montero Veterano y Solidario; Manzanilla (perro de Tomás); Los Hernández; el capitán y otros más irrelevantes.

El argumento se sintetiza así: Juan y Manuel están enamorados de María. Ambos salen de montería y Juan hiere a Manuel, dejándolo supuestamente como cadáver. Tomás con la guía del perro de Manuel y la solidaridad de otros monteros recuperan a la víctima y le restablecen la salud.

Con tanta exquisited literaria Bonó describe un amanecer desde Matanzas, en la Costa: ´´La aurora sacudía su rubia caballera en el Oriente, precediendo al padre de la luz…´´ El autor empieza a describir el ambiente en la costa atlántica con un cuadro descriptivo impresionista, presentándose a Manuel como parte del paisaje natural:

´´ Era una apacible tarde de otoño, el sol se escondía por detrás de la elevada cima del Helechal; la brisa de mar que todo el día había jugado mansamente en su vasta planería, acababa de ceder su lugar al terral; el Océano en su continua lucha exhalaba su poética e interminable queja al estrellarse entre las rocas, y las tórtolas y pelícanos se agrupaban en sus dormitorios favoritos. Esta hora tan melancólica, intermedio de la luz y las tinieblas, es uno de los cuadros en que la naturaleza presenta más tintes que observar y grandezas que admirar, pero ni una ni otra cosa hacía un hombre que salió de uno de los bohíos del lugar y se sentó sobre una piedra que a la entrada de la puerta había. Nada hay más tosco que la fisonomía de este individuo: la grande y poblada barba que circuía su ancha y aplastada cara, caía sobre su velludo pecho y le daba el aire de un escapado de la cárcel, sus narices eran chatas y su boca grande y gruesa, en fin, un conjunto feo, pero que denotaba fuerza y salud.´´

Se acuerda la boda de María y Manuel, para tal fin salen en cabalgata desde la costa de Matanzas, vía la Bajada, Altos de la Javiela, hasta San Francisco, donde se celebra el matrimonio. En la fiesta de celebración o Fandando, penetra Juan, quien quita la vida a Tomás, el padre de la novia.

Luego de varios años Juan es apresado por delitos diversos y remitido a Santiago para ser juzgado, pero éste se fuga al pasar por Cenoví.

Juan bien informado, como todo delincuente de buen curriculum, aprovecha la ausencia de Manuel en su hogar por partir para los funerales de su padre en Matanzas; sorprende a María en el Conuco e intenta violarla.

Bajo las órdenes del Capitán se había activado la búsqueda del delincuente. Juan cae sin vida, víctima del mache del experto montero, Feliciano.

El ambiente físico-geográfico en el cual se desarrollan las acciones y conflictos del Montero es desde la desembocadura del rio Yuna, Bahía, Escocesa, gran Estero, Matanzas en la actual provincia de María Trinidad Sánchez, hasta la Villa de San Francisco de Macorís y su límite en Cenoví.

Emilio Rodríguez Demorizi sostuvo que el estamento social de los monteros no quedó sepultado en el subconsciente del pasado, gracias a que fue eternizado en la novela El Montero.

En la citada obra se percibe un cuadro diacrónico, hasta la segunda mitad del S XIX del Nordeste de República Dominicana en lo económico, social, cotidiano y cultural, desde lo sociolingüístico y dialectológico hasta lo actitudinal y destrezas en el manejo del machete; todo es expuesto por quien a tan temprana edad reflejaba sobrada capacidad de observación para presentar lo palpable y lo espiritual del montero y su contexto.

Se percibe como en la Odisea la fidelidad del perro a su amo y distingue el talento de la mujer para descodificar y plantear hipótesis. Sobre la vida matrimonial señala:

´´La luna de miel, como todo tiempo dichoso, pasa rápida e insensible, síguele la calma en unos y la saciedad en otros, viene después lentamente la estimación recíproca y la amistad o bien el conocimiento de los defectos ocultos, la intolerancia y los disgustos que bien pronto se truecan en enemistad, repugnancia, odio, separación o por lo menos imposibilidad de vivir en armonía.´´ Esta realidad viene de lejos…

Francia desde que asumió el Romanticismo desde Alemania e Inglaterra pasó a ser capital artística y cultural para impactar en toda Iberoamérica. Pedro Francisco desde El Montero refleja haber recibido influencias francesas; cita a Rousseaux, agrega a lo narrativo formas de expresión expositiva propia del ensayo y de Montaigne. También expresa ideas políticas y críticas al contexto contenida en la base legal-doctrinal más avanzada de la cultura francófona.

El autor es observador en gran medida de los hechos que narra pero en los capítulos expositivos está dentro del cuadro, el cual refleja existencia de agricultura de subsistencia; Los caracteres de la casa del Montero, sus muebles hasta la decoración con mandíbulas de jabalíes, estrategia de combate…

Una debilidad indicadora de su juventud se aprecia en la formalidad de los diálogos, conforme a la lengua estándar, por lo cual en esta variable falta crédito a la verosimilitud.

El Montero conserva valor y vigencia artística y literaria. Por su contenido es un documento de indiscutible valor como fuente de la historia. Juan Ignacio Ferreras en su obra Sociología de la Literatura, 1988, expresa que las obras literarias relevantes con el tiempo pasan a ser testimonio y fuente histórica. El autor emplea con frecuencia el uso de la luz como símbolo de lo positivo.

Quien suscribe concibe la inexistencia de una historia más holística del Nordeste que la que se refleja luego leer las novelas: El Montero de Bonó, Cofresí, (Ramón Alberto Ferreras), Samaná, (Gabino Alfredo Morales), Juego Dominó, (Manuel Mora Serrano), Oro Sulfuro y Muerte, (Mélida García) y Despojo, de Emelda Ramos…

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