Amado José Rosa.
Carta del corazón a San Francisco

Te levantas con prisas tempraneras, oliendo al café que se madura al paso del tiempo, en el corazón de las montañas que adornan tu entorno.

Te levantas raudo al trabajo, al día a día, a la cotidianidad que conforma un pueblo noble y trabajador que permanentemente enorgullece a la nación, aun cuando otros, agazapados en sus oficinas aclimatadas, quieran llevarte al paredón de la historia como la oveja negra de las provincias.

Comienzas a sudar con la labor de triturar el cacao que generosamente te entregan tus tierras dos veces al año y que, con el tiempo, se ha convertido en materia prima preferida de los chocolates goumet del mundo. 

Te veo adornado del verde refrescante del arroz que produces, sesenta porciento del cereal que alimenta la nación; el calor aumenta cuando sube la mañana, la brisa que baja rauda desde el imponente macizo del “quita espuelas” oculta el sudor que perla la frente del hombre trabajador, que con pico, pala, martillo, llave maestra, machete o cuchillo de carnicería, volante en mano o caja de limpiar zapatos, hace de tus calles y avenidas cada día un lugar para la esperanza.

San Francisco de Macorís, has crecido eres de los demás, el muchacho bonachón, adolescente que aun en pantalones cortos, ríe, te diviertes, cantas,  bailas, llora y exiges, pero sigues siendo el peleonero de siempre, el que no negocia libertades ni hipoteca ideología, el que ha estado siempre presente cuando la patria llama, aquel que en el 16, en el 59, en el 65, cuando el peligro acechaba y la soberanía sucumbía, con su cara más plebe y contraída, se apretó el cinto y salió a izar bandera, a pilotar una nave,  a disparar un fusil, a manejar un tanque de guerra a la orilla del Rio Ozama.

Eres el San Francisco de siempre, quien, con sus dolores, sus tragedias, sus errores y vicisitudes, aún sigue siendo la conciencia revolucionaria de todos, el hospitalario, el dadivoso y a veces el Saturno que has devorado a más de uno de sus hijos. Pero así te quiero, así te adoro y así te veo después de doscientos cuarentiun años, leyendo El Jaya, en el parque Duarte, frente al Ayuntamiento y esperando un mejor futuro para tus hijos.

Amado José Rosa.
20 de Septiembre del 2019

Amado Jose Rosa

Amado José Rosa es abogado penalista, profesor por vocación. Twitter:@ama2jose E-mail: arosa41@gmail.com

+ Leídas