El campesino no quiere tierra

Al final de los años ochenta, me encontró en San Francisco de Macorís con el señor Fausto Pantaleón González, el primer empresario agrícola que trajo al país las máquinas de cortar arroz. Me explicaba que en pocos años el que no cortara el arroz con estas máquinas, perdería el negocio. El tiempo le dio la razón.

Para esa misma época, cursaba una maestría en economía con el doctor Herrero, en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) en Santo Domingo, quien explicaba con gran vehemencia la importancia de desarrollar en el campo tecnología de mano de obra intensiva, esto es, muchos campesinos y pocas maquinarias.

Presenté al doctor Herrero, y por cierto se molestó mucho, las ideas del señor Pantaleón, las cuales contradecían su tesis, pues éste planteaba el uso en el campo de muchas maquinarias y pocos campesinos.

Esto me demostró, que un economista estudioso como el doctor Herrero, puede tener ideas equivocadas y que un humilde hombre del campo con solo estar atento al movimiento de la sociedad, puede ganarle un debate, y traer felicidad a miles de hombres. El señor Pantaleón logró predecir el futuro.

En todas las épocas, y más en ésta, ocurren cambios que comienzan en forma imperceptibles, sólo detectadas por aquellas personas que tienen una sensibilidad especial para integrarse a la sociedad.

Estos cambios, si no lo captamos antes de que lleguen con todas sus fuerzas, pueden destruir nuestro trabajo, e incluso nuestras vidas con una rapidez sísmica. Un caso a considerar con urgencia hoy es el Tratado de Libre Comercio (TLC).

La economía de nuestro país está orientada hacia los servicios, esto hace que la tierra como fuente de ingresos sea cada día menos importante, especialmente si se trabaja con criterios anticuados y tecnología vieja. Por esto, hemos observado el fenómeno de que el campesino no quiere tierra. Escuchamos todos los discursos, cuando el señor presidente visitó a San Francisco de Macorís y ninguno pidió distribución de tierra, como era lo habitual en décadas anteriores.

El campesino, más que tierra, lo que quiere es integrarse a la sociedad de servicios con las ventajas y el confort que esto conlleva. Así que en lugar de las fuerzas inteligentes del país trabajar para frenar este tránsito, debemos poner nuestras mejores energías para que el paso de los campesinos a la sociedad digital y de servicios sea más fácil y rápida.

Me alegra pararme en la carretera San Francisco-Nagua y ver autobuses con aire acondicionado repletos de estudiantes campesinos del Bajo Yuna, de Arenoso, Villa Riva, Los Cachones, Sabana Grande de Hostos, Castillo, Pimentel y otras comunidades campesinas hacia el CURNE y la Nordestana. Están en la ruta del progreso.

Hagamos esfuerzos para ayudar a nuestros campesinos, no a conseguir un pedazo de tierra, sino a educarlos e integrarlos, para pasarlos en forma productiva de la vieja sociedad analógica y esclavista a la nueva sociedad digital y de servicios que ya llegó con fuerza de huracán.

El autor es
Profesor de la Uasd,
Presidente de la Fundación para
el Estudio del Riesgo Sísmico y
Desastres Naturales (Fundaprid)
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