Gracias a los buenos oficios de quienes ahora representan el caso del arquitecto Daniel Díaz, comenzamos a ver un poco de luz, en el túnel que cubría de tantas mentiras tan horrendo acto.

Lo que siempre pedimos y seguiremos pidiendo a gritos como en aquel momento es justicia, pues fue segada la vida de un ser humano, y un ser humano útil a la sociedad, joven emprendedor, a su corta edad, se podría decir ya realizado, en lo que todo joven aspira, responsable, porque a mí me consta, buen profesional en su carrera porque prueba de ello es la cantidad de trabajo que a su sorpresiva muerte quedó inconcluso.

Sus familiares en la persona de su padre, y la inmensidad de amigos y personas que le conocieron y trataron, juramos luchar y llegar hasta las últimas consecuencias, para que los autores de tan horrible acto pagaran por su culpa, nuestro grito de dolor e impotencia, nos llevó a unirnos para también poder ayudar en algo aquellos que les tocó en las mismas circunstancias, pero que carecen de medios y enlaces, ojalá mantengamos esa actitud del momento, donde la emotividad traiciona a veces la objetividad y fue en nombre de nuestro querido Daniel, pudiéramos cumplir en parte algo de lo que juramos en el momento; pues llevaría mucha paz a su espíritu, en parte también a sus familiares.

Y a sus ejecutores, perdón, son jóvenes que merecen nuestro perdón, en nombre de nuestros propios hijos, quizás el castigo de que son merecedores les lleve después a ser hombres de bien a la sociedad, y si perdimos un joven valor quizás ganemos dos, pues a veces, Dios escribe derecho con renglones torcidos. ¡Justicia sí, venganza no!

Breve recuento
Quien suscribe y emite estos juicios es alguien, donde Daniel o “Dimanchy” como le decíamos sus amistades de más confianza, convivió y compartió quizás sus últimos momentos de esa fatídica noche, pues horas antes nos despedimos charlando como era él, jovial, dicharachero, jocoso, a veces, con una sonrisa a flor de labios, era su carácter, pero en su vida profesional y de trabajo muy responsable.

El poco tiempo que vivió como huésped en mi casa, nos marcó a mi esposo y a mí muy profundo, nuestro dolor tocó fondo. Te recordaremos por siempre. Paz y Luz a tu espíritu, Daniel.

La autora es Periodista

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