De la Cultura del Engaño a la Cultura del Reclamo

Que difícil ha resultado para los que históricamente han vivido beneficiándose de la cultura del engaño que desde siempre se vive en el país, entender que hay que superar las prácticas comerciales engañosas y que se hace necesario actuar y ejercitar tanto en el sector privado como en el público, la transparencia.

Que difícil ha sido entender que los tiempos han cambiado y que ahora la población tiene la información suficiente para que, si decide cambiar la actitud permisiva de dejarse engañar, por una defensa militante de sus derechos, lo haga.

Que difícil ha sido para algún sector, razonar que los consumidores tienen derechos y que cuentan a partir de la aprobación de la Ley General de Protección de los Derechos del Consumidor No. 358-05, con una entidad que defiende sus derechos con decisión y pasión.

Qué difícil es para muchos, entender que exista una institución desde la cual se pueda ejercer responsabilidad social gubernamental, para proteger a los ciudadanos como lo hace Pro Consumidor, desde que en su Dirección Ejecutiva se encuentra Altagracia Paulino, persona que ha asumido esa posición con el compromiso de hacerlo bien, sin importar que las medidas tomadas dentro de su competencia de ley, afecten a las vacas sagradas o los protegidos de siempre, los intocables del sistema.

Que difícil es lograr construir capital social en un país donde todo se compra y se vende, incluyendo los principios y valores, y quien no le pone precio a los suyos, es visto como un animal raro o en extinción, como quien debe ser condenado al fuego del infierno eterno.

Que difícil es para los beneficiarios de todas las gestiones gubernamentales, entender que en algún momento alguien descubra los favores que por años han recibido de los gobiernos y proponga que deban ser ellos los que tengan que sacrificarse un poco, en beneficio de los demás, pues tienen mucho tiempo haciendo negocios a través de los cuales andan por la libre, muchas veces chantajeando los gobiernos, en tiempos especiales como en los períodos electorales, para alzarse con facilidades que terminamos pagando los contribuyentes, principalmente los de la clase más necesitada. Es cierto que todo el que hace negocios debe tener beneficios, pero estos no deben ser desmedidos o con niveles especulativos que exploten de manera inmisericorde la economía popular.

El rol que le ha tocado jugar a la Licda. Altagracia Paulino ha sido una lucha de gigantes, a pesar de su pequeña estatura física, que muy bien la compensa con su estatura moral, para enfrentarse con sectores que solo tienen intereses, que no conocen de responsabilidad social empresarial y que se resisten a pasar de la cultura del engaño, a la cultura del reclamo que ella predica.

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