P. Isaac García de la Cruz
Adán, Eva y el género

Pudiéramos negarnos a pensar que la dignidad e integridad del ser humano se cuestionara, más aún, que dicho cuestionamiento pudiera convertirse en tendencia. El tema de género llegó a nuestras puertas, algo que empezó hace décadas en otras latitudes y ahora termina entrando en casa. Es justo señalar que la tradición bíblica y teológica, las más connotadas corrientes filosóficas, antiguas y modernas, las culturas y las políticas sensatas, sirven y defienden al ser humano.

En República Dominicana la Ideología de Género ha tratado de entrar por muchas ventanas. Ahora ingresó por la puerta principal: la Educación Inicial: acceso al conocimiento, a la sabiduría y a la conciencia del ser persona. Nada más oportuno que lograr ese privilegiado espacio.

No quisiéramos dudar ni un ápice de la buena intención de ninguna autoridad, mucho menos de quien ostenta la gran responsabilidad de construir las presentes y futuras generaciones de nuestro país: el actual Ministro de Educación; tampoco de tantos hombres y mujeres de este pueblo que luchan cada día por lograr la nación que soñaron nuestros Padres de la Patria, pero sí nos atrevemos a cuestionar a quienes empujan agendas nacionales y mundiales, a quienes cargan sobre sus hombros intereses ocultos y buscan sacrificar el bien común, a quienes siembran sombra y muerte, para poder “pescar en mar revuelto”, en busca de intereses mezquinos y no necesariamente en los que pronuncian sus voces.

Querer “contribuir con el proceso de descontrucción de los estereotipos de género que permean la sociedad dominicana en todos los niveles y estratos” es demasiado riesgoso. Los agricultores saben muy bien hasta cuándo se puede arrancar la maleza de los sembrados y cuáles métodos utilizar. Tomar la Educación Inicial para derribar estereotipos es una gran idea, pero acarrearía más riesgos que beneficios.

La Congregación para la Educación Católica, en el momento más álgido de la discusión a nivel nacional, emitió el primer documento oficial de la Iglesia, donde aborda exclusivamente el tema de género, titulado: “Varón y hembra los creó”. Ya el Papa Francisco, igualmente otros Papas anteriores, habían abordado el tema, con el objetivo de advertir sus peligros. Dicho documento afirma que existe en este momento a nivel mundial una “verdadera y propia emergencia educativa” que cada día contribuye a “desestructurar la familia, con la tendencia a cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural” (Nro. 1). Después de hacer su recorrido histórico y sus análisis, el documento recomienda iniciar “el camino del diálogo, que escucha, razona y propone”.

Oficialmente el tema de género entra en el país a través de la Estrategia Nacional de Desarrollo consignada en la Ley 01-12, en su artículo 12, la cual solicita incorporar en todos los proyectos “el enfoque de género” y de la misma manera hacen los Objetivos de Desarrollo Sostenible, específicamente en su Objetivo 5.

La Conferencia del Episcopado Dominicano también ha tomado parte oficialmente, en dos ocasiones, de la discusión pública que ha generado el tema en el país y en todos los sectores. Los Obispos dominicanos, además de entender que la Orden Departamental 33-2019 del Ministerio de Educación de la República Dominicana es inoportuna, la declaran como “destructiva” y “nociva” a la familia y a la educación misma, por lo tanto, solicitan no incluirla en el diseño curricular.

Saludamos la decisión del Ministro de Educación de la República Dominicana que aceptó agregar a la Comisión que se encargará de estudiar la propuesta de género a otras instituciones, como la Iglesia Católica, Madre y Maestra en humanidad, y el compromiso de que “desde el Ministerio de Educación no se impulsará el tema de Ideología de Género”.

Llegados a este punto, ninguna persona sensata se opone a un debate sobre género, que invita a que todos apostemos porque exista equidad entre hombre y mujer. Todos estamos conscientes, la Iglesia en primer lugar, en que hombre y mujer tienen “derecho a la igualdad”: en su dignidad, en sus deberes y en sus derechos, como los consigna la Constitución de la República en su artículo 39.

Lo que no podemos compartir es que para buscar la equidad de género, tengamos que asumir la Ideología de Género que propone anular la diferencia entre los sexos, convierte en una decisión personal la posibilidad de elegir entre ser hombre o ser mujer, crea un tercer sexo (X) y, con ello, modifica en sus raíces más profundas la concepción antropológica de la familia. A esto se agrega que, con la Orden Departamental 33-2019, se quita a los padres de familia la responsabilidad de poder decidir el tipo de formación que desean para sus hijos, como se lo otorga el sentido común y la misma Constitución dominicana, dándole dicha autoridad a la escuela, la cual es subsidiaria de la formación que los hijos reciben en sus casas, nunca su sustituta.

No quisiéramos pasarnos de osados y hacer sugerencias que sustituyan el rol de nuestros pedagogos y autoridades académicas, pero entendemos que los estudios iniciales en nuestro país deben enfocarse hacia otros aspectos que son más urgentes que enseñarles a los niños que ellos pueden decidir si ser varoncitos o hembritas. Aquí se necesita organizar un currículo que enseñe a los niños las leyes que ya tenemos en el país, que enseñen, pedagógica y metodológicamente, los contenidos fundamentales de Matemáticas, Lengua Española, Sociales, Naturales, donde permanentemente nos estamos “quemando” en todos los estándares a nivel nacional e internacional, una educación que enseñe buenos modales, que enseñe cómo tratarse entre los géneros.

Sugerimos que en la agenda que llevará a cabo la Comisión creada por el Ministerio de Educación para los diálogos de género, se incluya también el tema de los contenidos de los diferentes niveles en la educación; se analicen opciones para erradicar la violencia en las escuelas, se sigan haciendo esfuerzos a través de Inafocam a favor de la formación integral de los maestros, según las leyes dominicanas, nuestros valores, nuestra fe y nuestra cultura para fortalecer y cuidar la integridad de nuestras familias y se procure aplicar el 4% en las áreas que realmente necesita la Educación, como lo termina de revelar el informe de la Iniciativa Dominicana para la Educación de Calidad (IDEC), que reconoce que estamos avanzando, pero presenta al mismo tiempo un itinerario para lograr la educación de calidad que requieren los niños y niñas de nuestro país en vista a que alcancemos los estándares nacionales e internacionales que nos hagan sentir orgullosos de ser dominicanos y que todos los escolares nuestros puedan competir en igualdad de condiciones en cualquier escenario.

Entonces el hombre (Adán) y la mujer (Eva) se sentirán orgullosos, por haber alcanzado el nivel de educación y desarrollo que Dios puso potencialmente en sus corazones desde la Creación y que las leyes y autoridades sabiamente protegieron para lograr la equidad de género.

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