Se estremece la humanidad

Dr. Willians De Jesús SalvadorLa complejidad que se advierte en el escenario internacional, producto de la crisis económica que abate a la eurozona, y a una amplia franja del globo terráqueo, las guerras en Medio Oriente; las amenazas  nucleares por Corea del Norte e Irán a los Estados Unidos de Norteamérica y sus socios del área en conflicto estremece a la humanidad.

Cuando se produce la caída del muro de Berlín y la disolución de la URSS, estrategas, tratadistas y expertos en políticas internacionales, proclamaron con gran prisa que el mundo se había hecho unipolar, por el triunfo del capitalismo sobre la corriente sustentadora del comunismo, por lo tanto, emitieron juicios que apuntaban hacia el fin de la historia.

Recuerdo que estaba en Madrid, España, participando en un conversatorio sobre el futuro de la social democracia en América Latina, entre otros intelectuales y pensadores de futuro, estaba el laureado escritor Don Mario Benedetti, quien al referirse al tema de boga en ese entonces “el fin de la Historia” y otra corriente proclamaba “el fin de las ideologías”, sobre el primer tema, el escritor más universal de los Uruguayos dijo: “ La historia es un sinfín, termina una etapa cuando prácticamente a dado paso a otra más compleja y difícil para la existencia humana”.

El amplio debate en todos los foros mundiales de la crisis que afecta a la zona del euro, ha permitido que pierda interés mediático la “crisis que afecta a Estados Unidos de Norteamérica”,   cuya recuperación ha sido lenta y todavía no logra estabilizar problemas como la tasa de desempleo, crecimiento económico a un ritmo que transmita la esperanza de restablecerse el estado del bienestar, y por ende del llamado sueño americano. Todo lo contrario los recortes presupuestario podrían producir un impacto negativo en el crecimiento del PBI, aumentar o congelar la tasa de desempleo, y por ende disparar los niveles de pobreza.  

La crisis económica que se inició en el 2008 y tuvo su epicentro en los Estados Unidos de Norteamérica,  incidieron varios factores para que se le quitara la espoleta al sistema financiero del país más poderoso del mundo, como son: altos precios de las materias primas, inflación global, crisis alimentaria y energética a nivel mundial, crisis crediticia, inmobiliaria, y el gran mal del siglo XXI, la especulación de los mercados, lo que arrastró consigo la desconfianza de los actores financieros en la economía norteamericana.

El contagio no se hizo esperar mucho, y el primero fue Japón,  que su economía se contrajo en el segundo semestre del 2008 en –0.6 %, replicándose este fenómeno en Australia, Nueva Zelandia, lo que hizo que los países que componen el exclusivo club de los BRICS- Brasil, Rusia, China y Sudáfrica, buscaran antídotos de manera urgente para evitar el contagio, entre las medidas estuvo la monetaria que consistió en aumentar su índice en un  9% sus monedas locales, es decir, una medida de expansión monetaria. Estos mercados se estabilizaron y se fortalecieron, en la India y China los índices fueron positivos, lo que permitió atraer inversiones que buscaban disminuir el impacto de los riesgos creados en los mercados del planeta.

El tema de la crisis económica global, los economistas occidentales, organismos internacionales y sus expertos, han concentrado sus análisis a EEUU y Europa, sin airear la rudeza con que esta impactó al mundo árabe, para que nos formemos un juicio sobre este particular, me permito señalar, que el Banco Mundial en abril del año 2009 vaticinó un aumento del desempleo en los países del golfo, y en efecto así sucedió solo a Egipto regresaron 500,000 hombres y mujeres que habían perdido sus puestos de trabajo en el mercado laboral de los países árabes.

Cuando la crisis económica cumplió su primer año en mayo del 2009, la ONU manifestó su preocupación por la caída de la inversión extranjera en el Medio Oriente, y para septiembre de ese mismo año, se contabilizaba la pérdida que habían tenido los bancos árabes en más de cuatro mil millones de dólares.

Un fenómeno que ha llamado poderosamente la atención es que mientras el mundo desarrollado sufría un efecto de shock al borde del colapso, los países integrantes de la franja correspondiente a la América Latina, tuvieron un crecimiento sostenido, desmintiéndose un viejo dicho que cuando a los países ricos les da gripe, a los países de América Latina les da pulmonía.

Sobre este particular, un economista alemán, a quien consulto con frecuencia por vínculo fundamentado en la amistad, me dijo, estos países se han afectado menos, porque sus economías se sustentan en la producción de materia prima, bienes y servicios, y por las autopistas financieras transitan menos papeles financieros, comercios cibernéticos y sus presupuestos no sufren regularmente de macrocefalia, porque a mayor déficit fiscal, menos posibilidades políticas de los partidos en el gobierno, y los gobernantes latinoamericanos no piensan en las próximas generaciones, sino, en las próximas elecciones.

Mientras los países líderes de la Unión Europea, tratan de rescatar las economías de países asociados como ha sido el caso de Dinamarca, Italia, Grecia, España y ahora Chipre, mientras el Banco Central Europeo (BCE), ha tomado las previsiones de lugar, intentando siempre rescatar estas economías, cuyas deudas son soberanas, que afectan su calificación de riesgos por los organismos crediticios, y esto daña toda la economía de los estados asociados.

Debemos señalar que Europa representa el 30 % del mercado mundial. Si le echamos un vistazo,  encontramos que el último trimestre del año 2012, se contrajo en 0,9% el PBI con respeto al mismo periodo del año anterior, y 0,6% con relación al tercer trimestre de ese mismo año, hasta Alemania sufrió una contracción del 0,6 de su  PBI en el año en cuestión, esto es producto de la política de austeridad de sus socios comerciales, que ha disminuido el comercio exterior.

En el escenario mundial, se advierte que habrá una guerra de divisas, entre el dólar, yuan, euro, yen y la libra esterlina, porque a menor cotización de la moneda, esta se hace más competitiva, y lógicamente aumenta la exportación, si alguien de los fuertes da el primer paso, los otros no tendrán más camino que competir, produciéndose una guerra de divisas, que produciría un enfriamiento comercial, desatándose una guerra comercial, repitiéndose la historia del año 1929, que se produjo una guerra comercial entre Estados Unidos e Inglaterra. Esta batalla es el factor fundamental por el cual el oro, se fortalece cada vez más en los mercados internacionales, sobre todo si el dólar dejase de ser la moneda de referencia universal.

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