Mons. Jesús María de Jesús de Moya: “Un gran Pastor de Almas”

Mons. Jesús María de Jesús MoyaHe tenido el privilegio de excepción de conocer y tratar a Mons. Jesús Ma. De Jesús de Moya, obispo de la diócesis de Santa Ana, San Francisco de Macorís, desde el 21 de abril de 1984, cuando sustituyó a su Eminencia Reverendísima Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, quien fue el primer obispo desde que fuera fundada por el Papa Pablo VI, mediante la bula Papal “Aptiora in Deis” del 16 de enero del 1978.

Tras un ejercicio pastoral dilatado, las circunstancias imperativas del tiempo hizo que desde hace dos años, Su Excelencia Reverendísima solicitara al Papa Benedito XVI, su retiro por haber cumplido 75 años fecha cuando los obispos de todo el mundo deben poner su cargo a disposición de la Santa Sede conforme al derecho canónico.

Nuestra familia siempre ha contado con el honor de la amistad de Jesús María, mi madre es católica practicante desde hacen muchas décadas y mi padrastro fallecido hace casi una década, nos enseñaron no solo a quererle como parte de nuestra familia, sino, a respetarle y buscar sus consejos en esas encerronas con las que a veces la vida nos sorprende.

Durante mi ejercicio ciudadano en San Francisco de Macorís, como médico, político, ente comunitario y miembro de varias instituciones de servicios, Rotario, Asociación Interamericana de Hombres de Empresas (AIHE), las cuales llegue a presidir en la década del 90, así como Secretario General de la Filial Duarte de la AMD, siempre conté con sus sabios consejos, hombre de expresiones llanas, pero llenas de sabidurías y sus palabras más que convincentes siempre seductoras del buen camino.

Siendo Rector Magnifico de la Pontificia Universidad Católica Nordestana, me designó en el año 1994 Asistente del Rector para Asuntos Internacionales, cargo honorifico y que desempeñé con esmero y entrega, conectando en ese periodo de tiempo con el mundo diplomático, invitando Embajadores acreditados en el país, así como personalidades internacionales que a través de la AIHE, nos mantenían ligado a una intensa agenda continental hasta que marché hacia Europa en labores diplomáticas durante el lustro 2000 hasta el 2005.

Permitidme, Su Excelencia Reverendísima, sin mortificar su modestia de hombre de bien y emulador de Jesús, expresar estas ideas que son el sentir no solo de quien os habla y su familia, sino de toda una comunidad cristiana a la que usted ha servido durante más de un cuarto de siglo.

San Francisco de Macorís, ha tenido en Monseñor Jesús María de Jesús de Moya, un gran pastor de alma, quien se ha integrado a todo el tejido social de la Provincia Duarte y el Nordeste del País, su voz siempre clamando por los humildes y al servicio de los mejores intereses reivindicativos de los sectores populares. Conciliador por excelencia. Confiable en sus promesas, imparcial, sereno en medio de la tormenta, planteando siempre salidas inteligentes, a la vez que firme en sus propósitos de luchar por el bien colectivo como dogma sagrado de su labor sacerdotal.

En ocasión del 45 aniversario en la vida sacerdotal, la Cámara de Diputado lo reconoció y el expresó: “"Voy tratando de cumplir la tarea de ser pastor en una comunidad que muchos dicen que es conflictiva, pero yo no he encontrado conflictos, al contrario, el nordestano es gente inteligente, trabajadora y emprendedora y yo, lo único que he tratado de hacer es pastor, trabajar y colaborar para que las personas crezcan y sean mejores personas".

Usted ha cumplido con el mandato que le diera Pablo a Timoteo: “Predica la palabra, ocúpate en ello urgentemente en tiempo favorable, en tiempo dificultoso”, así lo ha hecho organizando grandes actividades en beneficio de la colectividad e igualmente en tiempos de dificultades y peligrosos como han sido las jornadas de huelgas en que ha mediado para conciliar los intereses.

Gracias Monseñor, por el alimento espiritual que nos suminístrate durante esta intensa labor de pastoreo a esta comunidad cristiana de la que hemos sido testigo de excepción, al igual que los jóvenes de menos de 30 años que con vuestras predicas contribuiste a formar dentro de la iglesia, para que les sirvan a Dios y al pueblo.

Monseñor, Moisés condujo al pueblo de Israel a pasar el mar rojo gracias a Jehová, nuestro pueblo de tus manos a cruzado las aguas tormentosas de un cuarto de siglo que han sido de lucha comunitaria para superar las desigualdades e inequidades que separan a la inmensa mayoría del pueblo de la redención definitiva de la pobreza material y espiritual.

Monseñor Jesús María de Jesús Moya, gracias por tu entrega a este rebaño de hombres y mujeres, usted cumplió con su deber y nosotros seguiremos predicando las buenas nuevas como misión apostólica que nos deja como asignatura pendiente.

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