Cuentos de W. García: Consuelón y Páyelo.

Para el grueso de los lugareños de la Penda la llegada de la Semana Santa era con mucho motivo de un recogimiento que parecía que el mundo había fallecido, tanto que no se podía levantar la voz, cortar un palo porque sangraba, bañarse en el río te podías convertir en pez, de hacer el amor ni hablar podías quedarte pegado, era de rigor coger agua del río en total mudes y cortar ramos, penca de palma para guardarlos y bendecirlos el domingo de ramos, estos se quemaban en caso de los aguaceros de mayo o vientos de ciclones.

Consuelón y Páyelo eran dos personajes de leyenda, Vivían próximo a la jarda del río Tubaqua, Páyelo era jornalero o echador de días en la finca de, mi abuelo Santana, al momento de trabajar nadie como él, era de muy pocas luces en cuanto a letras y números, muy habilidoso cuando se lo proponía, con este detalle podemos entender como un día miércoles de ceniza nos llamó: vengan a ver lo hice en el río, el recó de Doña Ita.

Con más curiosidad que interés salimos detrás de Páyelo y bajamos el río, vaya usted a tener sorpresa en el mismo recodo había construido con piedras de varios tamaños una represa con 2 niveles de agua, en la grande él se sentaba y en una pequeña y el agua le llegaba a la mitad de su voluminoso vientre; y era grande; un poco más arriba podían bañarse los niños sin peligro de ahogamiento.

Consuelo por su parte era alta, y al decir de mi abuelo espardua. De espalda ancha y grande, dada a los oficios domésticos, nunca fui a la escuela de Güiza, pa’que voy a aprender a escribir si Páyelo no sabe leer, decía, de mirada huidiza y voz de sargento amargado ordenaba todo en la casa; -  A Páyelo que se calle, yo soy la que se.

El lunes Santo acerca el miércoles de ceniza y con mucho de gran interés anuncian la cercanía de la semana Santa, para el caso que nos ocupa esto se traducía en platos ricos y habichuela con dulce. Páyelo pensaba

- Voy a comer mejor que el otro año.


La casa de mis abuelos, en la Penda era rural. Se comía bien 3 veces al día, siempre había un plato para una visita, mi abuela Doña Aurelina nombre muy hermoso por cierto, sin embargo en todo el campo se le conocía por “Ninita o mama bella”.

Por vida tuya con mi tía política Angélica o mamá Jeca y mamá bella delante de los fogones era garantía de platos a tiempos y sabrosos.

Aquella Semana Santa me tocó a mí y al primo Tomasito llevarle la comida a Páyelo y Consuelón, debo  aclarar sin ánimo de abultar la historia que el envió de alimentos era para dos personas mayores y 3 jovencitos; pero déjeme que les contabilice el contenido de la batea hecha de una raíz de amapola:

Arroz suficiente para 8 ó 10 personas, guandules por igual, bacalao con tomaticos, ensalada de repollo y arepitas suficientes para satisfacer al menos 10 personas. Todo esto lo justificaba mama bella advirtiendo:

- Un plato e comía no se le niega a nadie; ese era su santo y seña.


La ceremonia para repartir él envió comestible era: Páyelo primero, Consuelón su mujer de segundo, Nonon el mayor  tercero, Bolo cuarto, y Chiche de ultimo; por cierto al final era poco lo quedaba, páyelo disponía de su ración en poco  tiempo pues bajaba la cabeza y solo la levantaba para preguntar.

- Donde están las habichuelas de Ninita.


Cuando concluía aquel festín, bajaba a su alberca, se metía en el agua hasta la barriga y amemao por la jartura y casi dormido solo atinaba a balbucear:

- Consuelón a qué hora es la cena.

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