Depresión en el anciano

Dra. Ruth ReynosoEs bien sabido que la depresión en el anciano es con frecuencia no detectada y por lo tanto no tratada, debido a una serie de prejuicios negativos relacionados con la vejez que presupone que el envejecer es sinónimo de: depresión, deterioro, desnutrición, aislamiento, inmovilidad. etc. Negando al anciano la oportunidad de un envejecimiento saludable.

La depresión se define como un conjunto de manifestaciones fisiológicas, afectivas y cognitivas que conducen a una disminución del estado de ánimo y una falta de interés por las actividades usuales de la vida diaria y los placeres, constituye un problema importante debido a las repercusiones que tiene sobre el estado de salud, las capacidades físicas y la vida social de los pacientes ancianos.

 

La depresión y las demencias son los trastornos psiquiátricos más frecuentes en el anciano, es la cuarta causa de muerte en la actualidad y para el 2020 se prevee pase a ser la segunda por detrás del infarto agudo al miocardio y aumenta en concordancia con el envejecimiento de la población. Es mayor en los pacientes ancianos institucionalizados con un 30/75% seguido por los hospitalizados con un 11/ 40% y en menor medida en los que viven en la comunidad con un 25%.

Algunos de los factores de riesgo para que esta aparezca: sexo femenino, ausencia de pareja (soltero o viudez), falta de soporte social, entre otras. Es en esta época de la vida cuando se presenta mayor número de pérdidas (amistades, cónyuge, trabajo, jubilación, Rol en la familia y en la sociedad), que se considera en la actualidad como sinónimo de minusvalía, favoreciendo a una pobre autoimagen y sentimientos de inferioridad.

Además es frecuente que la depresión coexista con múltiples enfermedades crónicas: cáncer, demencia, enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos, limitaciones funcionales, ect. Un factor único no es el responsable de la aparición de los síntomas depresivos en la vejez. La depresión afecta diferentes aspectos de la persona: la capacidad de pensar, sentir, de reaccionar con los demás, de compartir, de trabajar, de amar, de mantener la propia responsabilidad, son atributos de ser humano que las personas ancianas también tienen derecho a mantener.  El reconocimiento de la depresión en el anciano viene dificultado ya que se puede atribuir, erróneamente, los síntomas depresivos al propio proceso del envejecimiento la presencia simultánea de enfermedades crónicas, cuyos síntomas pueden enmascarar los síntomas depresivos, los ancianos tienden a somatizar los síntomas depresivos más que los pacientes jóvenes , lo que desvía la atención del médico en busca de otras enfermedades y la presencia concomitante con una demencia dificulta la valoración y obtención de los síntomas depresivos.

El diagnostico de la depresión es clínico, se pueden utilizar test o screening el más utilizado es la escala de depresión geriátrica de yesavege, tiene una sensibilidad de 84% y una especificidad de 91% para la detección de sintomatología depresiva.

El tratamiento de la depresión en el anciano conlleva una serie de beneficios, por lo que la edad no debe ser un factor limitante a la hora de tratar un paciente con depresión: mejora los síntomas de la depresión, mejoría, aceptación y tolerancia al dolor en pacientes que sufren enfermedades crónicas asociadas, mejoría del estado general de salud mental, físico y social en consecuencia mejoría en la calidad de vida y minimización del deterioro de las funciones cognitivas.
La autora es Geriatra del Centro Médico Dr. Ovalle.

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