Evelyn Yege.
Caperucita Roja y El Pollo

Mi amiga Verónica estuvo de cumpleaños recientemente y, con tal motivo, celebró una fiesta. Nos divertimos mucho, especialmente con la pequeña hija de una vecina. La adorable pequeña, que no alcanza los dos años de edad, pasó toda la velada cerca de la música, que evidentemente disfrutaba. Llamó mi atención su insistencia por un tema sobre pollos, muy de moda en estos días.

Las redes sociales y los medios de comunicación son recursos ideales para la difusión de noticias, entretenimiento, arte y cultura; sin embargo, la aceptación de una obra de teatro es diferente a la de temas como el actual, sobre la burla a una “gorda” que quiere comer 7 pollos. Esta última producción, caracterizada por una música repetitiva y de pobre contenido, se difunde con una aceptación y rapidez que hasta un virus letal le envidiaría. No es de extrañar entonces que la vecinita balbucee el mismo, dejando de lado, en un batir de pestañas, las tiernas historias propias de la infancia, como las de Caperucita Roja o el Ratoncito Miguel.

El cuento de la Caperucita Roja, editado en su versión original en el siglo XVII (1697) por el escritor francés Charles Perrault, es un clásico de la literatura infantil. El mismo, al igual que los relatos de Pulgarcito, La Bella Durmiente y otros tantos títulos famosos, ha sido divulgado y permanecido por generaciones. En el relato que nos ocupa, Perrault tuvo la distinción de haber sido quien otorgara identidad literaria y la orientación hacia el público infantil a este antiguo relato de la tradición oral europea. Corresponde a los Hermanos Grimm, en el año 1812, modificar el final de la historia por el actualmente conocido. El final trágico del cuento original, con su moraleja de advertir a las jóvenes a desconfiar de los extraños, es suavizado de forma tal que, en lugar de quedar devoradas por el lobo feroz, tanto la abuelita como la Caperucita Roja son rescatadas por un leñador, cual el moderno Hombre Araña rescata en cada episodio a su amada Mary Jane.

Si bien los Hermanos Grimm eran docentes e investigadores lingüísticos en su natal Alemania, su inclinación hacia los cuentos tiene un componente de índole patriótico. Sus publicaciones se producen en la época de las invasiones a Alemania por las tropas francesas de Napoleón Bonaparte, lo cual representaba una amenaza a la cultura local por los nuevos gobiernos extranjeros. Es así como estas recopilaciones de cuentos, destinados a preservar el folklore alemán, se fueron refinando acorde a las costumbres locales y se popularizaron para el público infantil.

Mientras tanto, de este lado del mundo, el Ratoncito Miguel surge como una obra musical de la autoría del escritor y compositor cubano Félix Benjamín Caignet, (Cuba, 1896-1976). Se asume como una crítica al gobierno de Gerardo Machado, (Cuba, 184-1939), presidente de Cuba desde el 1924, hasta ser derrocado en el año 1933. La letra de esta obra era cantada como protesta a dicho régimen, razón por la cual fue prohibida. Años más tarde, los cantantes cubanos Olga y Tony Álvarez la rescatan y graban de nuevo en el 1956, convirtiéndose en otro clásico de la música infantil, con su nuevo final de …quien va a ponerle a Misifúz el cascabel… en lugar de la frase… arrancarle el corazón..., como expresara su primera versión.

Luego de estos relato sobre Caperucita Roja y el Ratoncito Miguel, me pregunto: ¿Qué sucede cuando la inocencia propia de la infancia es receptora de la vaciedad, de lo banal y sin sentido? ¿Qué sucede cuando los jóvenes carecen de aportes en formación moral, educación cívica y otros valores transmitidos por las historias y manifestaciones aptas para la infancia y juventud? Entonces, surge otra pregunta: ¿Cuál es la calidad del legado, qué pretendemos trasmitir a las generaciones que comparten con nosotros este momento histórico?

Tanto la Caperucita Roja como el Ratoncito Miguel son manifestaciones culturales que llevan un mensaje; aportaron, fueron revalorizadas acorde a las circunstancias del ambiente histórico cultural y así permanecen vigentes en las diversas generaciones. Espero que estemos conscientes en el hecho de que las acciones o no-acciones que emprendamos generarán sus resultados. Ojalá que al final, cuando la historia se modifique nueva vez, la Caperucita NO se convierta en Lobo.

Evelyn

Evelyn Yege es artista visual, visita su Facebook Evelyn Yege, Tertulia de Arte.

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